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domingo, 22 de julio de 2012

DEP. IQUIQUE 0 / UNIVERSIDAD DE CHILE 0


La ciudad de Iquique, una de las principales de Chile, recibía al “tricampeón” del fútbol chileno en un estadio y cancha dignos del balompié de barrio. En aquel escenario, el club Deportes Iquique oficia de local y es ni más ni menos, el segundo mejor rendimiento de la tabla acumulada del torneo de primera división. La próxima semana veremos un contraste absoluto cuando la Universidad de Chile se presente en Kashima, Japón. Al cerrar, me referiré a los dichos del presidente de la ANFP respecto de esta competencia internacional.
El principal foco de atención del partido jugado en el norte, lo constituyó el ingreso desde el inicio de las cuatro nuevas incorporaciones de la U este semestre. Sin embargo, el debut fue sólo del último que se sumó al equipo: Luciano Civelli. Partiendo de la base que no conozco su trayectoria ni he observado su desempeño anteriormente, me remitiré a describir lo observado y a opinar sobre sus cualidades. Se trata de un jugador contundente en envergadura física, en la que su estatura es lo que predomina. Probablemente sea esta característica la que le resta “elasticidad” controlando y conduciendo el balón. Sin embargo, se aprecian virtudes técnicas y personalidad. Recibe y protege bien la pelota, la entrega con criterio y desarrolla labores de marca generosas. Es probable que en un solo partido y más aun estrenándose en un nuevo equipo, con nuevo esquema táctico, no sea posible vislumbrar todo su potencial. A pesar de ello, no me parece que se trate de aquel jugador distinto, rutilante y “calado” que soñamos para la U. Lo anterior puede estar muy alineado con la filosofía de Sampaoli, quien más que basar el funcionamiento del equipo en un jugador específico, articula lo colectivo como clave del éxito futbolístico. La dimensión de aquel sueño de contar con un jugador de experiencia, categoría y resolución apunta por cierto a la idea de aumentar las posibilidades de conseguir la Copa Libertadores.
Sebastián Ubilla consiguió mostrar más de sus cualidades como atacante habilidoso, rápido y resuelto. Por cierto aún le falta consolidarse en el nuevo esquema de juego para entregar con fluidez el talento futbolístico que posee. Enzo Gutiérrez se estrenó como nueve clásico, en una posición que no es natural en él pero que puede llegar a cumplir de buena manera. Tiene potencia, velocidad y gol. El “tren delantero” azul fue estéril en este partido, en gran medida por la falta de trabajo de las nuevas incorporaciones y también, por la ausencia de Charles Aránguiz. Ezequiel Videla es un muy buen jugador, de buena técnica y de una claridad destacable para resolver la entrega del balón. Sin embargo, él transita la mayor parte del tiempo en la zona defensiva y no ejerce con habitualidad la función creadora en ataque que magistralmente cumplía Marcelo Díaz. A diferencia de Videla, Díaz entregaba más pausa al juego, provocando quiebres en las defensas rivales y por ende sorpresa en el último pase con destino de gol. Otra faceta que el melenudo argentino no cumple hasta ahora, es el juego de las pelotas detenidas. Díaz era también un servidor de tiros libres. Quizá con el paso de los partidos Videla sorprenda en esta función pero por ahora, no existe determinación para cumplir tan sensible tarea. Hay que confiar en que el cuerpo técnico resolverá este asunto, la importancia de la correcta ejecución de “pelotas detenidas” en zona ofensiva es insoslayable.
El resumen del partido es simple: la U dominó durante todo el encuentro imprimiendo su característica intensidad de juego, lo cual se amplificó durante el segundo tiempo. Un par de aquellos desajustes defensivos habituales desde la partida de Marcos González, conllevó algo de riesgo a la portería de Herrera, quien con una tapada superlativa confirmó su enrome calidad. Esperemos que de una buena vez se consolide Morante como el sucesor de Marcos, ya que de esa forma podría emularse tan majestuoso funcionamiento defensivo alcanzado durante el segundo semestre de 2011. Cabe destacar que a lo menos hubo un penal clarísimo en contra de Eugenio Mena, eludido cobardemente por el árbitro Puga. Es el resultado de tanto lloriqueo amariconado desde la final del Apertura: ahora a la U no le cobran penales clarísimos.
Cerramos diciendo que más que una falta de respeto, como señaló la organización de la Copa Sudamericana por los dichos de Sergio Jadue en relación a la Copa Suruga Bank, se trata de una evidente falencia intelectual, de clase y decencia mínimas. No sorprende demasiado proviniendo de un graduado de cagueta en tribunales de justicia.

¡Viva la U!

martes, 17 de julio de 2012

UNIVERSIDAD DE CHILE 5 / DEP. LA SERENA 2

El debut de tres de las nuevas incorporaciones para este semestre y el regreso de Eduardo Morante, marcaron el estreno de Universidad de Chile en el torneo Clausura nacional. La tarde del ecuatoriano dejó bastante que desear, estuvo flojo en el juego aéreo, se le vio nervioso e inseguro con la pelota en el piso y perdió varios “mano a mano”. Su cometido reflejaba la frustración de un semestre entero sin haber podido justificar el alto precio que se pagó por su traspaso. Un tiro de esquina servido por Guillermo Marino comenzó a cambiar la historia. La pelota sobra a la defensa de La Serena y a Paulo Magalhaes. Astutamente y mostrando una faceta conocida del ex defensa de Emelec, un dirigido cabezazo ejecutado con exquisita técnica significó el cuarto gol azul. La tensión acumulada en Morante explotó desatando un emotivo llanto, revelador de la angustia que hasta allí vivía. Hacer un gol siendo defensa no es algo habitual y refleja ciertamente el potencial escondido por la rebelde lesión que lo afectó. La suma de minutos en cancha debería convertir a Morante en el líbero que tanto echó de menos la U el semestre pasado.
En relación al cometido del resto de las incorporaciones, el más sorprendente debido a su facilidad para adaptarse fue Ezequiel Videla. El volante demostró claridad, despliegue y personalidad. Por lo visto en Santa Laura, será un gran aporte acontecida la partida de Marcelo Díaz. Durante el primer tiempo, quien asumió el protagonismo de dirigir el mediocampo fue el espléndido Charles Aránguiz. Un jugador talentoso, exuberante en despliegue de buen fútbol e inteligente para canalizar a su favor la energía del partido. Se quedó en las duchas finalizado el primer tiempo dando paso justamente a Videla, producto de una contractura que esperamos no sea de gravedad. Es muy probable que se haya quedado por precaución debido a las exigentes competencias que se avecinan para la U.
El delantero Sebastián Ubilla mostró su calidad como atacante, decidido para encarar, hábil y valiente. Se retiró del campo de juego producto de un fuerte calambre. Se está adaptando de a poco al nuevo nivel de competencia y será sin duda, un gran refuerzo para la delantera. Lo mismo ocurrió con Enzo Gutiérrez. Entró en los minutos finales y no sólo definió de manera resuelta un contragolpe letal, sino que exhibió su cartel de delantero potente con el arco dibujado en la mente. En la U conseguirá una forma física mejorada y eso lo depurará.
Si bien es cierto el rival de turno no ofrecía una vara demasiado alta para sacar conclusiones, se avizora un futuro prominente considerando que el intrépido Jorge Sampaoli debe trabajar mucho aún con los nuevos jugadores. A ellos se sumará mañana el argentino Luciano Civelli, proveniente de Libertad de Parguay. Un volante contundente que de hecho llamó mucho la atención de Sampaoli en el duelo por Copa Libertadores frente a los paraguayos. El cuadro de Asunción fue un escollo bastante difícil y Civelli es un jugador potente que aportará además estatura al equipo. Se prevé como una carta interesante en el andamiaje definitivo de la U en esta parte final del año.
Sobre conclusiones del funcionamiento del equipo, falta mucho trabajo en la línea posterior para emular a la que se consolidó como una de las mejores defensas de América el segundo semestre de 2011. Con los regresos de un recuperado Matías Rodríguez, José Rojas y el definitivo acople de Morante al esquema, debiéramos volver a extrañarnos cada vez que nos conviertan un gol.

jueves, 12 de julio de 2012

Los gusanos otra vez


Las ratas blancas se deslizan furtivamente en los medios de comunicación y, amparándose en una objetividad fraudulenta, extienden sus viscosas homilías sobre un auditorio ignorante cuya predilección es la ineptitud: incapaces de elaborar razonamientos propios, abrazan el fraude con la tenaz vehemencia que caracteriza a los imbéciles. Sin embargo, como la Universidad de Chile es la antítesis del “eterno cafiche”, semejante sortilegio carece de potestad sobre los azules: el mensaje es demasiado básico y sólo funciona entre los correligionarios del yanacona ladrón y en uno que otro atolondrado de provincia que se encandila con las estrellas de goma.
Una de las funciones de este blog es neutralizar el nidal cocacolino que yace empotrado en los canales de información para así difundir comentarios que se oponen al rebuzno oficial de un periodismo inculto y manoseado en el que prevalece la insolencia de estos gusanos. Por tal razón, habitualmente efectuamos rastreos en la prensa deportiva para denunciar la desvergüenza y la ordinariez de las gallinas blancas que pretenden pasar inadvertidas. La consecuencia más valiosa de este ejercicio es, precisamente, la detección de estos corrales malolientes y el análisis de sus desfachatados sermones. Esta semana no ha sido la excepción y hemos descubierto a dos de estos hediondos caraduras en sus respectivas madrigueras: Pablo Azócar y Luis Urrutia.

  1. Pablo Azócar, de Las Últimas Noticias: en su artículo titulado El día en que se apagó la tele es posible observar la típica y rancia manipulación “arba”. El encabezamiento promete ser una crítica al CDF tras el dudoso gol de la laucha Muñoz a Iquique, pero sólo es un texto presuntuoso que deriva en una débil explicación del actual predominio de la imagen. Luego realiza un conveniente desvío hacia el coco-loco del ’73, al que considera víctima del fútbol argentino. Azócar jamás alude el evento que anuncia de forma falaz en el título y concluye diciendo textualmente: “los árbitros deben tomar decisiones en fracciones de segundo sabiendo que la TV los dejará en pelotas, como dejó hace dos semanas al árbitro Osses cuando le escamoteó el título a O’Higgins de Rancagua”.
En suma, Pablo Azócar proclama una tesis que nunca despliega, exhibe al equipo favorecido por un mal cobro como víctima de la historia y, para más remate, concluye su escrito indicando un supuesto robo en beneficio de la U: ¿qué tienen que ver los azules con el gol en offside de las ratas blancas? ¿Acaso cualquier accidente de coca-colo sirve de excusa para desacreditar los triunfos de la Universidad de Chile? Además, ¿por qué está difamando una victoria en la que incluso fueron los azules los más perjudicados? Este periodista y escritor con fama de renegado personifica la incoherencia más descabellada que puede exhibir un izquierdista nacional: ser antipinochetista y coco-loquino a la vez. Hemos señalado hasta el cansancio que Pinochet subvencionó a las ratas blancas con el dinero de todos los chilenos: los sacó de la quiebra, les compró jugadores y les pavimentó el escondrijo de Macul, aunque algunos títeres nieguen esto último aduciendo falta de pruebas tangibles; sin embargo, que el tirano haya dejado huellas de sus malversaciones es un suceso ilusorio y absurdo. Fue precisamente el inmoral altruismo del tata Augusto el principal factor de éxito de las gallinas albas en los años ’90, pues el futuro de esta institución aberrante hubiese sido muy distinto sin su contribución pecuniaria: comenzar arruinado es muy diferente a empezar con la panza llena. Sin ir más lejos, la Copa de la Jactancia que ganaron estos hampones el ’91 fue paseada de manera desenfrenada por un esbirro de la dictadura: el CNI Jorge Vergara. En resumen, que un izquierdista sienta simpatía por las ratas blancas y, más aún, orgullo por los títulos obtenidos gracias al subsidio de Pinochet es una degradación abominable. Lo más indigno de todo es que Pablo Azócar es autor del libro Epitafio para un tirano, en el que condena reciamente al bienhechor del club de sus amores. Patético y paradójico.

  1. Luis Urrutia O'Nell, alias Chomsky, de El Gráfico: este parásito escribió en su engreída columna: la labor del juez Osses estuvo acorde a lo que ocurre desde que el mundo gira: favorecer al equipo grande en desmedro del chico. Pasa en España y Argentina, por mencionar sólo dos países… Osses no fue sobornado, simplemente es humano y no pudo sustraerse al estadio colmado y a la presión de los medios, todos interesados en que Universidad de Chile fuese campeón, porque ello origina mayores ventas y audiencias. ¿O alguien se imagina que iba a sancionar penal si un atacante de O’Higgins se arrojaba contra un defensa de la U, saliendo del área y perdiendo la pelota?”
Asimismo, podríamos plantearle varias interrogantes a esta insidiosa sanguijuela: ¿alguien se imaginó que cobrarían un offside inexistente a Guillermo Marino cuando quedaba solo frente a Marín? ¿Alguien se imaginó que una patada en la cara a Henríquez ni siquiera fuese castigada con tarjeta amarilla? ¿Alguien se imaginó que el claro penal de Enzo Gutiérrez quedaría impune? ¿Alguien se imaginó que un planchazo criminal en contra de Raúl Ruidíaz sólo significaría una amonestación? ¿Alguien se imaginó que sólo se jugarían 5 minutos de descuento después del show rioplatense de Berizzo y compañía? Y finalmente: ¿alguien se imaginó que tanto indio bastardo saldría de su madriguera a envidiar el presente azul? Luis Urrutia o Chomsky, como vanidosamente se hace llamar este insecto, adquirió renombre tras escribir sus manuales de estiércol junto a otra rata cocacolina: Juan Guarello. Ambos asumieron la fatua labor de redactar la historia del fútbol chileno, cara de palo, la que obviamente han adornado con las plumas del gallinero “arbo”: ¿o ustedes creen que en esos ejemplares pringosos figura, por ejemplo, el debut goleador de Marcelo Salas contra los indios? ¡Por supuesto que no! ¡Si los autores son ratas blancas! Fanáticos de la falacia y del ocultamiento. Como si la sordidez aún fuese insuficiente, este despreciable yanacona que usa como seudónimo el apellido de un célebre intelectual -como si un mojón de perro se autodenominara con el nombre de un planeta- cubrió la campaña del coco-loco del ’91 de manera casi exclusiva. Este vínculo infecto dilucida sus celosos comentarios sobre el gran momento de la Universidad de Chile, club al que se había acostumbrado a ver en posiciones secundarias. Inútilmente trata de mancillar los logros azules mediante argucias pedestres y emplea una tribuna que incrementa su arbitrariedad. Es la vieja treta que las ratas blancas han usado desde siempre: camuflar sus comentarios parciales y hacerlos parecer objetivos.

Farsantes, envidiosos y maquinadores. La verdad es que estos hijos de perra jamás dejarán de sorprendernos.


miércoles, 4 de julio de 2012

Universidad de Chile 2 (2) – O’Higgins 1 (0)


Jorge Sampaoli reveló en la conferencia de prensa que cuando terminó el partido en Rancagua le dijo a Johnny Herrera que gracias al mano a mano que le había tapado a Enzo Gutiérrez iban a salir campeones. Quienes hemos visto fútbol desde la niñez sabemos que hay jugadas e incidencias que generan resonancias proféticas, que instalan una corazonada sofocante y que siembran la causa de un efecto dramático. Lo que no sospechaba Sampaoli es, que en la mismísima revancha final, Johnny Herrera volvería a protagonizar un capítulo premonitorio: los azules tenían la serie 1 a 3 en contra y Boris Sagredo lo enfrentó solo… Otra tapada sobrehumana, otra esperanza tímida y otra estrella que se empezaba a iluminar lentamente.
El partido había comenzado bien para la Universidad de Chile: se acercaba con peligro por ambas bandas y un Guillermo Marino inspirado lograba abrir el cerrojo impuesto por Berizzo. El mismo Marino tuvo en sus manos la apertura de la cuenta en dos ocasiones: en la primera gambeteó a dos rivales y su remate salió a centímetros del poste, después quedó solo frente a Luis Marín pero se le cobró un offside inexistente a Eugenio Mena, quien lo había habilitado con un centro atrás.
Enrique Osses fue presionado durante toda la semana por el asqueroso periodismo deportivo y aquello se notó en el primer tiempo: los rancagüinos estaban repitiendo su ración de patadas rurales, el juez se hacía el desentendido y cuando debió expulsar al indecente Nelson Saavedra por un planchazo EN LA CARA a Ángelo Henríquez se limitó a cobrar falta y ni siquiera mostró amarilla. Las imágenes muestran claramente que mientras Henríquez viene mirando el balón, este punga inmundo lo espera de frente y lo agrede a mansalva. ¿Qué periodista ha tocado el tema? Ninguno, pues todos son unas ratas blancas y aún se están sobando el lomo después de las dos palizas históricas propinadas por la Universidad de Chile.  
Con una U volcada en terreno adversario y cuando se cumplía media hora llegó el torpe penal de Marcelo Díaz en una jugada intrascendente. Luego del gol en contra imperó el desconcierto: cinco tarjetas amarillas en dos minutos para los azules y dos llegadas de O’Higgins que pudieron liquidar el encuentro: primero falló Enzo Gutiérrez de cabeza y después aconteció el mentado tapadón de Johnny Herrera ante Boris Sagredo. El desastre duró 10 minutos, Marcelo Díaz lanzó un planchazo que por suerte no alcanzó al rival y la U se fue llena de dudas al descanso.
En el inicio del segundo tiempo Osses expulsó a Jorge Sampaoli por reclamar y prohibió la comunicación telefónica entre el casildense y Sebastián Beccacece. Pregunto: ¿puede un árbitro impedir aquello? Eduardo Berizzo, en tanto, extrajo todo el arsenal trasandino y O’Higgins se metió atrás, comenzó a cortar el circuito creativo con faltas redundantes y a hacer tiempo de manera odiosa, comandados por su arquero y por ese peón ingrato que es Luis Pedro Figueroa, el mismo payaso que corrió desaforadamente para pedirle la camiseta a Ronaldinho luego de que Brasil goleara a Chile. En fin, los azules ya se habían instalado en cancha rival y llegaron las expulsiones de José Rojas y de Julio Barroso, el primero extravió la parsimonia que debe enseñar como capitán y el segundo se tituló de imbécil y de bravucón al pedo. ¿Quién salió perdiendo? O’Higgins, naturalmente, pues Berizzo había diseñado una estrategia ultra defensiva y perdía a un baluarte de la pelota reventada. Los contragolpes visitantes se hicieron cada vez más tímidos y fueron controlados de manera magnífica por los dos hombres que sostuvieron la zaga: Osvaldo González y Eugenio Mena. Tiro libre de Charles Aránguiz y clara mano de Enzo Gutiérrez, penal que Osses soslaya olímpicamente. Diez minutos después, y luego de una jugada enorme de Ángelo Henríquez, cobra un foul inexistente contra Guillermo Marino y la U logra emparejar el marcador. Aquí nos detendremos porque ambos incidentes han sido objeto de polémica y de argumentos malintencionados: si Osses cobra la mano de Gutiérrez, los azules hubieran tenido más tiempo para remontar el partido. ¿Por qué no lo cobró? Tal vez no lo vio, así de simple, pues el remate de Aránguiz fue muy potente. En cuanto a la falta erróneamente castigada, la TV muestra la imagen contraria a la que presencia Osses, pues en realidad él tiene al defensor rancagüino por delante: ve que Marino puntea la pelota y que el rival le cruza la pierna para derribarlo. Esto es un error y nada más, Marino logra engañarlo y eso es todo, aquí no hubo ley de compensación, como algunos irresponsables lo señalaron. La invención del 8 azul, por su parte, sólo niveló la balanza tras la injusticia previa y le dio más autenticidad al resultado.
Después del empate el show de Berizzo se volvió vergonzoso: continuaba en la cancha tras su expulsión, iba y volvía para perder minutos, amagaba la realización de cambios y luego los desechaba para que el reloj avanzara: en suma, desplegó sin asco la indecorosa escuela rioplatense, la misma que tantas veces ha criticado Jorge Sampaoli y que ha sumido al torneo argentino en la mediocridad perenne. Otro planchazo terrible del Pokemon Saavedra, que perfectamente pudo fracturar a Raúl Ruidíaz, y otra vez el réferi le perdona la vida: sólo tarjeta amarilla. ¿Qué debía hacer este infeliz para ser expulsado? ¿Lesionar de gravedad a algún compañero de profesión? ¿Por qué gozó de tanta impunidad?  
Se determinan 5 minutos de descuento y, cuando parecía todo perdido, Guillermo Marino anotó el segundo gol desatando la locura. Otra vez nos detendremos: también se ha criticado el tiempo extra decidido por el juez, pero si sumamos los minutos perdidos durante las expulsiones, más los cambios y la demora enervante propiciada por Berizzo y sus lacayos, en realidad debieron haberse indicado 7 minutos y no 5. O’Higgins ya no tenía fuerza y probablemente la U le marcaba el tercer gol. Fin del partido y regresa el actor principal para la serie de penales: Johnny Herrera… Herrera metió a la U en semifinales de Copa tras una actuación descollante ante Libertad de Paraguay y ayer fue el principal factor del tricampeonato. En la tanda desde los 12 pasos manejó el escenario a su antojo y generó el nerviosismo en unos antagonistas que ya no se podían las piernas: es el precio que deben pagar los equipos que le ceden la iniciativa a la Universidad de Chile. ¿Experiencia? ¿Frialdad? Puede ser, pero probablemente los azules ganaron este torneo porque siempre han trabajado más que el resto y porque el camarín se deleita con valores sublimes: altruismo, camaradería y fidelidad, elementos esenciales del espíritu deportivo. La U sacrificó resultados internacionales para ayudar a la selección y nadie le agradeció su abnegación al respecto, muy por el contrario: la ANFP la saboteó durante los play-off con una inflexibilidad descortés y la prensa se regocijó tras su eliminación ante Boca Juniors, amparando las burlas de los próceres cocacolinos que, envidiosos y pusilánimes, al fin podían alumbrar su decrépito anonimato. Sin embargo, otra goleada ignominiosa los devolvió a sus criptas con la cola entre las piernas. ¿Aprenderán a cerrar el hocico ahora? No, pues la charlatanería, la ordinariez y la insolencia son sus estandartes imperecederos.
Este título tiene el sabor de la venganza después de todas las groserías y desatenciones que debió tolerar el plantel, por eso el dramatismo fue necesario, por eso Johnny Herrera debía ser la figura, por eso surgieron la elegancia de Guillermo Marino y el derroche descomunal de Charles Aránguiz, por eso la generosidad de Matías Rodríguez, Roberto Cereceda, Osvaldo González y José Rojas obtuvo un premio celestial, por eso Ángelo Henríquez, Igor Lichnovsky y Sebastián Martínez debutan como campeones. La U es un todo coherente, por eso aventaja al resto de clubes chilenos y reluce en Sudamérica.

Consideraciones finales:
  1. Marcelo Díaz cumplió un año siendo figura pero la ansiedad le pasó la cuenta: cometió un penal ridículo, pudo irse expulsado y falló desde los 12 pasos. Un detalle: Herrera lo sacó de la escena cuando él quería patear el penalty que finalmente convierte Aránguiz y que le da el empate a la U. Jamás deben sobrecargarse las responsabilidades con metas desmedidas, Díaz es un ejemplo de convicción y perseverancia,  pero “querer irse campeón” sólo le trajo como consecuencia un afán de protagonismo que terminó jugándole en contra y que pudo ser fatal para los azules. Siempre hay algo que aprender y este es un muchacho inteligente que reflexionará sobre la experiencia en cuestión.  
  2. O’Higgins es un equipo difícil debido a su pragmatismo: se refugia atrás, tiene jugadores malintencionados y contraataca en bloque. La ignorante prensa nacional le endilgó a los rancagüinos rasgos ofensivos inexistentes debido a la relación que tuvieron Berizzo y Bielsa, pero al fin y al cabo el supuesto aprendiz sólo exhibió las viejas y sucias intrigas rioplatenses. Con eso en la actualidad no basta.
  3. El sollozo de las ratas blancas:
    1. Claudio Palma: cuando terminó el partido, este yanacona dijo que los hinchas rancagüinos tenían todo el derecho a estar molestos con Enrique Osses debido al penal mal cobrado. Rodrigo Goldberg debió recordarle la mano de Enzo Gutiérrez no sancionada como tal y que hubiese decretado el empate azul mucho antes.
    2. Pablo Flamm: este gusano cilíndrico expresó de manera descontrolada que el réferi había condicionado el resultado con el penal de la igualdad. Curiosamente, también soslayó la mano de Gutiérrez.    
    3. Francisco Sagredo: este cerdo twitteó sobre el mismo tema e indicó de manera petulante que fue Osses quien había sacado campeón a la U. 
    4. Juan Cristóbal Guarello: en su columna de El Gráfico esta rata blanca también lloriquea por el cobro erróneo del juez y asimismo desatiende la mano de Gutiérrez.
    5. La Terzorra: en el colmo de la desfachatez, este medio indigno publicó un artículo en el que plantea que a la U de Jorge Sampaoli sólo le basta un título para alcanzar el éxito logrado por el Coco-Loco de Borghi. Nosotros preguntamos: ¿y es que acaso Borghi ganó un torneo internacional? La U de Sampaoli superó hace rato aquella quimera putrefacta porque le sobran los cojones que los indios olvidaron en sus calzones de goma cuando cayeron con el Pachuca: LA UNIVERSIDAD DE CHILE GANÓ LA FINAL DE LA COPA SUDAMERICANA y las ratas blancas no.
El “eterno cafiche” y sus zánganos pregonaron una ácida batalla desde que la U comenzó este proceso de crecimiento sostenido: no soportan el bienestar azul e incluso fueron capaces de respaldar a Boca Juniors, el mismo club que les armó un escándalo ruin en su propia covacha. Tratan de desacreditar cualquier victoria de la Universidad de Chile porque proceden con los peores vicios que puede tener un ser humano: la envidia y el resentimiento. Sin embargo, la desgracia se acrecienta cuando reina la indignidad y han debido pagar sus burlas ladinas con goleadas ignominiosas y humillantes. A pesar de ello, la U sigue dándoles muestras de generosidad y, al ganar el Apertura 2012, les ha evitado la molestia de concurrir a hacer el ridículo a la Copa Sudamericana.

Un abrazo a todos los azules del mundo que visitan este blog.
Un abrazo a todo el plantel y al cuerpo técnico, pues han prevalecido luego de ser saboteados durante todo el semestre.
Un abrazo a los muchachos que jugaron lesionados postergando su salud y poniendo en peligro su futuro deportivo.
Un abrazo a la hermosa hinchada azul.
¡Viva la U, mierda!