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jueves, 22 de noviembre de 2012

Play off


En las dos últimas fechas de la fase regular la Universidad de Chile derrotó a dos equipos fofos que salvaguardaron sus intereses con intenciones disímiles: mientras Huachipato jugó a media máquina por estar ya clasificado al play off, la Universidad de Concepción prefirió velar por su condición física debido a la liguilla de promoción que tenía por delante. Así las cosas, los azules se vieron muy superiores y de alguna forma dio la impresión de que Jorge Sampaoli al fin había logrado cierto equilibrio en la conformación de la oncena, la que se habría enriquecido gracias al afianzamiento de Juan Ignacio Duma. Sin embargo, el partido ante Unión Española volvió a enseñarnos una faceta paradójica que ya a estas alturas resulta odiosa: la U enfrentando de manera irresponsable a un rival replegado que, curiosamente, tenía la obligación de ganar. Historia vieja que en la llave ante Sao Paulo alcanzó el paroxismo de la improcedencia.  
¿Por qué facilitarles el trabajo a equipos utilitarios que pueden llevarse la gloria mediante la especulación y la cobardía? ¿Por qué seguir reventándole el físico a un plantel que ya está al borde de sus posibilidades? Este era el momento justo para desplegar el pragmatismo que el mismo Sampaoli exhibió ante Liga Deportiva el 2011 en Quito. Pero no, el casildense no quiere ceder.
Insistimos, si bien el volumen de ataque fue amplio y los azules debieron haber triunfado, sólo la solvencia de Johnny Herrera evitó una derrota absurda. Lo cierto es que la U arriesga de manera imprudente y defiende mal: Osvaldo González se infiltró demasiado durante todo el año, por eso ha perdido solidez en los mano a mano, lo que a su vez le sobrecarga el trabajo a José Rojas. Por otra parte, Sampaoli parece empecinado en acudir a Sebastián Martínez en desmedro de Ezequiel Videla, quien al menos asegura más el balón. Desgraciadamente, ambos se lesionaron. ¿Por quién optará el DT para el próximo partido en dicha posición: por Albert Acevedo o por Guillermo Marino? ¿Jugará Matías Rodríguez? ¿Volverá alguna vez a anotar un gol Enzo Gutiérrez? ¿Ganará un hombrazo Sebastián Ubilla?
Por diversas razones ya se preveía que éste iba a ser un semestre de transición: a las contrataciones funestas de Eduardo Morante y de Luciano Civelli se le sumaron las partidas de Marcelo Díaz, Ángelo Henríquez, Raúl Ruidíaz y Junior Fernandes, la tibieza de los ya mentados Gutiérrez y Ubilla, la también señalada extenuación del plantel, la negligencia de una directiva vagabunda que fue incapaz de defender los intereses azules ante la ANFP y, por desgracia, la tozudez de un DT que se niega a asumir una realidad patente: no se puede jugar arriesgando más que en el 2011 si no se poseen jugadores con la misma potencia.
En fin, aunque se ve difícil, esperemos que la U sea capaz de levantar algún trofeo a fin de año, pues al menos en cuanto a sacrificio y espíritu deportivo es el único equipo chileno que merece un título interno. Y mucho ojo con la Copa Chile, pues su obtención permitiría disputar los dos campeonatos internacionales del 2013.
Un abrazo a todos los azules del mundo y paciencia con la teleserie del momento: ¿Jorge Sampaoli a la selección? Eso está por verse…
    

lunes, 12 de noviembre de 2012

Sao Paulo 5 – Universidad de Chile 0


Lo que más molesta de la eliminación que acaba de sufrir la Universidad de Chile en Sao Paulo es que su principal causa fue la obcecación de Jorge Sampaoli, pues su estrategia ya no es compatible con la calidad del plantel y aquello ya había quedado expuesto tras la llave con el Emelec: si recordamos las tapadas y los mano a mano que debió sortear Paulo Garcés en Guayaquil, nos daremos cuenta de que el 3 a 0 del primer tiempo poseía un antecedente que el casildense omitió: últimamente, los delanteros rivales enfrentan cara a cara a los arqueros azules al menos tres o cuatro veces por partido. Sólo la ineficacia de los ecuatorianos evitó que la U fuese eliminada en octavos de final, la misma ineptitud que enseñaron los jugadores de la UC en el último clásico universitario: de no mediar la gran actuación del ya mentado Paulo Garcés, la U perdía el partido de manera ridícula.
¿Por qué está ocurriendo semejante estupidez? Simple: cuando la Universidad de Chile tiene la pelota sólo se queda con dos hombres en el fondo y no con tres, como sí acontecía el año pasado con Marcos González, Osvaldo González y José Rojas. De esta manera, hoy en día cualquier balón perdido genera llegadas a fondo por parte de los adversarios, quienes, por lo demás, ya conocen el juego azul y optan por replegarse, incluso cuando actúan de local. Esta ceguera por parte de Sampaoli convirtió a la U en un cuadro predecible e inocente que, para más remate, ni siquiera tiene pierna fuerte.
El DT ha exhibido muchos desaciertos a nivel internacional durante este semestre y la prueba es que en la mayoría de los encuentros debió realizar al menos dos cambios apenas comenzado el segundo tiempo. Ocurrió ante el Kashima cuando salió con tres delanteros que causaron un vacío en el mediocampo, ocurrió en los dos pleitos con el Emelec y en los dos ante Sao Paulo. En suma, su tendencia ha sido errar el planteamiento desde el principio. Sólo en los partidos disputados ante el Santos pudimos ver a una Universidad de Chile en plenitud, aunque, por supuesto, faltaron los goles.
En cuanto a aquello, es cierto que los refuerzos en delantera han sido discretos: la debilidad física de Sebastián Ubilla resulta insoportable, basta que le tiren el hombro encima para que pierda el balón. Como si eso fuera poco, estuvo lesionado casi todo el semestre. Por otra parte, si bien es encomiable el empeño de Enzo Gutiérrez, se trata de un jugador muy lento que, para rendir bien, requiere la presencia de dos punteros fuertes y rápidos, pues su virtud es ser un pivote relativamente eficaz. La gran interrogante que surge a partir de esta falta de gol es qué pretendía Jorge Sampaoli con la llegada de Luciano Civelli, a quien deseaba incluir en la ofensiva. Civelli es un jugador caro y discreto que no ha sido aporte para nada porque resultó que, al igual que Eduardo Morante, es de cristal. ¿Francisco Castro? Desapareció absolutamente y debe irse a préstamo para ver si alguna vez recupera el nivel del 2011. Pese a todo esto, la responsabilidad no es sólo de ellos: es la rigidez del sistema lo que está fracasando.
El hecho de que ninguno de los delanteros que dejaron la U haya triunfado en el extranjero demuestra que su éxito se debió al grado de sorpresa causado inicialmente por la estrategia de Sampaoli y refuerza lo siguiente: este momento de inoperancia no se solucionará cambiando hombre por hombre, sino realizando una nueva versión del exitoso sistema del 2011. Como ya señalamos, la táctica azul ya fue asimilada por los rivales y les basta con esperar y contragolpear para generar daño. Por tal razón, es la zona media de contención la que debe robustecerse: suponiendo que ya no se cometerá la idiotez de quedar con dos zagueros aislados en el fondo, si se defiende con tres al menos deben incluirse dos volantes con capacidad de quite, anticipo y remate de distancia. ¿Dónde están estos jugadores? La tarea es, precisamente, hallarlos: ¿en Uruguay? ¿En Paraguay? ¿Será ésta la verdadera función de Civelli? Puede ser. Las bandas por ahora parecen estar cubiertas: si bien Matías Rodríguez aún está en deuda, al menos Paulo Magalhaes puede reemplazarlo y por la otra punta están Eugenio Mena, Roberto Cereceda y el promisorio John Santander. También ha resultado próspera la aparición de Juan Ignacio Duma.
¿Qué pasa con el resto? Llama la atención que los nuevos hinchas de la U, ignorantes de su pasado y exitistas como las perras blancas, despotriquen contra gente como Guillermo Marino y Gustavo Lorenzetti, los únicos capaces de poner algo de fútbol en el medio. La salida de éste último en Sao Paulo fue responsabilidad del propio Sampaoli, quien prácticamente lo sacrificó al desasistirlo entre la multitud de volantes que dispuso el local. Marino, a su vez, fue quien salvó la obtención del tricampeonato con un golazo en el epílogo de la final y cada vez que ingresa en los segundos tiempos aporta claridad. Es un jugador elegante que por ningún motivo debe abandonar la U. ¿Charles Aránguiz y Eugenio Mena? Desgraciadamente, estos deportistas de lujo están reventados, situación en la que contribuyó el cerdo Borghi al nominarlos una y otra vez a su aventura ordinaria e improductiva.
Este encuentro con Sao Paulo marcará un antes y un después necesario; infortunadamente, ocurrió de la peor manera posible: con un resultado absurdo que hecha por tierra todas las bondades de este cuerpo técnico, el que jamás comprendió que “no se puede arriesgar más cuando se tiene menos”.
La cretina prensa criolla, compuesta en su gran mayoría por guatones hijos de perra, ha sido incapaz de analizar el partido y se refiere al cuadro paulista como si se tratara de una potencia, cuando en realidad éste es uno de los equipos más rascas que ha tenido Sao Paulo: jugaron de visita y de local de manera vergonzosa, replegados como lauchas en campo propio, haciendo tiempo y reventando el balón de manera indiscriminada. ¡Qué diría Telé Santana! Además, contaron con el beneplácito de los árbitros, quienes los dejaron cortar el juego a su antojo cada vez que la U se lanzaba en ataque. Lo que saca de quicio es el marcador y la palabra “baile” con la que se mofaron todos los medios de comunicación, pues la verdad es que, como ya indicamos, los brasileños se pararon en campo propio y se limitaron a contraatacar. Fue Sampaoli quien propicio la depredación: cada llegada brasileña se convertía en gol gracias al desamparo de la defensa y los azules, por su parte, ejercieron un dominio infructuoso. Los dos tantos del segundo tiempo fueron una vergüenza: una barrera impresentable en el cuarto -el estorbo que causaron los rivales debió evitarse a empujones - y una marca patética de Osvaldo González en el quinto.
Así las cosas, la Universidad de Chile se despidió de la Copa Sudamericana de la manera más triste. Al menos, Jorge Sampaoli reconoció su responsabilidad, aunque ya inició su habitual ultimátum a la directiva: quiere refuerzos de peso, pues su Morante y su Civelli resultaron ser los maniquíes más caros de la historia del club.  

viernes, 2 de noviembre de 2012

Universidad de Chile 0 – Sao Paulo 2


Este partido confirmó un fenómeno inaudito: la U defiende con dos zagueros cuando está entregada en ataque. Esta excentricidad causa la inmolación de José Rojas y la persistente incomodidad de Osvaldo González, quien tiene muchos problemas cuando debe abrirse hacia el costado derecho para cazar a los punteros que vienen lanzados. 
La verdad es que resulta inconveniente ser tan intrépido cuando se enfrenta a equipos brasileños, pues suelen agruparse en el fondo, hacen tiempo sin ningún complejo, revientan la pelota cuando la urgencia así lo amerita y salen en velocidad cuando recuperan el balón. Además, con un gol arriba son muy difíciles de doblegar, pues poseen jugadores ágiles que tocan de primera.
Todos los rivales extranjeros que ha enfrentado la U este semestre le plantearon estrategias conservadoras y basaron su juego en el contragolpe. ¿Aquello es casualidad? Por supuesto que no, los azules alcanzaron su prestigio jugando al ataque y con espacios a favor son muy peligrosos; así, los antagonistas prefieren atrincherarse y utilizar el pelotazo profundo tras un bloque defensivo cada vez más desamparado.
Si consideramos que la Universidad de Chile ha sufrido un constante debilitamiento desde fines del año pasado -perdiendo hombres como Marcos González, Eduardo Vargas, Marcelo Díaz, Gustavo Canales, Junior Fernández y Ángelo Henríquez, entre otros- más nos cuesta entender la actual paradoja de Jorge Sampaoli: ¿por qué arriesga más si tiene menos? ¿Por qué su estrategia es cada vez más suicida?
Recordemos que en la Copa Sudamericana del 2011 siempre defendió con tres zagueros, jamás con dos, y que ante Liga Deportiva Universitaria en Ecuador empleó cuatro defensas más una marca personal de Albert Acevedo sobre Ezequiel González, el creador rival.
La actual desproporción que enseña el DT azul comenzó en la Copa Libertadores de este año -en el partido contra Deportivo Quito como visita- y llegó al paroxismo cuando enfrentó a Boca Juniors en Buenos Aires. ¿Por qué no replicó en ambos encuentros el sistema que tanto éxito le había dado contra Liga, más aún si el cerdo Borghi ya estaba fastidiando con nominaciones perjudiciales para los intereses de la U? En fin, eso sólo lo sabe el casildense y, al fin y al cabo, loco o no, es el mejor DT que ha tenido el club.
La Universidad de Chile hizo un buen partido contra los paulistas pero fue sorprendida con dos contragolpes que antes de los 20 minutos la dejaron abajo por 2 goles a 0. Después fue expulsado Eugenio Mena y todo se volvió más difícil, más aún si la U no concretó las pocas ocasiones que tuvo, como fue el gol desperdiciado por Roberto Cereceda. Contradictoriamente, la Universidad de Chile mejoró mucho en el segundo tiempo y jugando con 10 hombres acorraló a su contrincante hasta la extenuación, pero no fue suficiente: los azules necesitan delanteros más rápidos. En esta alza influyeron los cambios: Guillermo Marino y Matías Rodríguez siempre ingresan bien desde el banco y Juan Ignacio Duma ha relegado para siempre a Francisco Castro, pues es más técnico y frontal.
Brillante pleito de Albert Acevedo: ganó todos los anticipos y los cabezazos, se sumó al ataque denodadamente y cuando sufrió un fuerte golpe en su cara se levantó de inmediato para que la oncena no perdiera tiempo. Es un tipo valiente y decente.
¿Qué le queda a la U para la revancha? Su éxito dependerá de que logre ponerse en ventaja: si los azules hacen el primer gol cualquier cosa puede pasar.
A nosotros sólo nos queda mantener la esperanza de que una vez más este conjunto logre vencer los obstáculos. La cosa está muy difícil, casi imposible, pero el fútbol es un universo insondable y se han visto gestas que en un principio se consideraban más inasequibles que ésta. No en vano esta U es el equipo más heroico de la historia de Chile. 
¡Grande la U, mierda! ¡Y vamos con todo!