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sábado, 9 de agosto de 2014

Antofagasta 0 – Universidad de Chile 3

Si algo tiene tranquilos a los hinchas de la U, además del recuperado orden institucional y de la buena campaña que hasta ahora se ha realizado, es la forma homogénea en la que el cuerpo técnico y el plantel despliegan sus declaraciones, así como también el hecho de que no se menosprecie a ningún rival y de que se tenga una autocrítica constante. Y es que si bien los azules han cumplido actuaciones correctas y ya no se observa el caos indecente del anterior torneo, aún acontecen ciertos desajustes que pueden costar caro. Uno de ellos es la permeabilidad aérea que posee la defensa. En este partido -y ya con la cuenta dos a cero a favor- entraron a cabecear libremente dos contrincantes por el segundo palo y uno de ellos era Elizondo. Por suerte, el remate fue al medio del arco. Luego, y esta vez en el primer palo, se registró otro golpe de cabeza que pasó sobre el horizontal. Ambas situaciones surgieron de pelota parada. Si la U pretende disfrutar este campeonato, Lasarte deberá corregir esta clase de detalles. Otro factor de riesgo ha sido cierta infiltración por el costado izquierdo de la zaga, en la que Suárez no se siente cómodo, sobre todo cuando debe cerrar a los adversarios que vienen lanzados. A favor del ex loíno, en todo caso, hay que hablar de su sacrificio y entrega: es un zaguero valiente que puede evolucionar. También se ha registrado cierta perturbación al momento de pelear las segundas pelotas a la entrada del área propia: si no hubiese sido por la enorme tapada de Herrera, Farfán hubiese descontado. Sí, Farfán, el mismo que le hacía el quite a los trancazos de Guaraní cuando se ganó en Santiago.
Lo demás está funcionando: se sale con claridad desde el fondo, se corre todo el partido, el mediocampo pesa más con la presencia de Espinoza, también ha crecido Martínez, se oprime la salida de los contrincantes, se abre la cancha constantemente, se ataca de forma masiva, el equipo marca goles de manera simétrica y algunos muertos continúan resucitando. Por fin Ubilla ejecutó diagonales y salió del pleito como goleador. Tanto él como Rubio, Duma, Cortés, Corujo y quien sea que se lance al ataque, deben aprovechar la devolución de primera del excelente Canales.
En suma, el futuro se ve estable y, como hemos insistido, lo más importante de todo es que se recuperó la decencia.


domingo, 3 de agosto de 2014

Universidad de Chile 3 - Santiago Wanderers 2 (los azules uno a uno).

Universidad de Chile se presentaba ante un rival que traía un libreto obvio y asumido: Wanderers vendría a refugiarse en su campo y a salir de contra. Lasarte debía leer el juego y desarrollar una estrategia compleja. En este sentido, fue el uruguayo quien terminó ganando el duelo de técnicos, aunque el marcador no es el reflejo de lo que sucedió realmente en el reducto ñuñoíno.

El conjunto azul volvió a realizar un juego basado en la buena posesión del balón a ras de suelo, saliendo en ocasiones de manera rápida con precisos pases largos de Gonzalo Espinoza, quien se mostró como un jugador con amplitud de condiciones, tanto en el plano ofensivo como defensivo.
La U salió con una identidad que ha logrado instalar Lasarte: alta intensidad en los primeros minutos. De esta forma salió el primer gol, cuando la U tenía en su propio arco a todo el conjunto de Valparaíso. Además el DT realizó una sorpresa táctica que consistió en soltar por la banda a Suárez y relegar a Corujo a funciones defensivas, hecho que desconcertó a Wanderers.

Un detalle a trabajar será la franja defensiva izquierda, pues nuevamente por ese sector le anotan al equipo: José Rojas se vio mal posicionado para marcar el pase en profundidad.

Luego, el trámite mostró a una U protagonista, fue así como el segundo gol nace de un hermoso pase largo de Gonzalo Espinoza a Patricio Rubio, quien desprendidamente cede un pase a Gustavo Canales, el que a su vez se encargó de hacer notar su categoría goleadora y causar el grito de gol de las más de 30.000 mil personas que siguieron al Titán Azul.

Ya en el segundo tiempo, en otra aventura ofensiva de Cristian Suárez -de buen cometido en estos tres partidos oficiales-, éste se asocia con Patricio Rubio, quien define de gran forma colgando la pelota en el ángulo.

Como conclusión, Universidad de Chile ha logrado afianzar la saga defensiva gracias al altísimo nivel de Osvaldo González, el que se vio rápido y muy sólido en los duelos mano a mano.

UNO A UNO UNIVERSIDAD DE CHILE

Johnny Herrera: tuvo un partido tranquilo, realizó una tremenda atajada de un tiro de fuera del área que magistralmente sacó de un rincón.

Mathías Corujo: marcó menos diferencias que anteriores partidos, sólo desbordó en algunas ocasiones debido a que en este partido se remitió más a labores defensivas.

Osvaldo González: buen partido de Osvaldo, rápido y sólido, características reiteradas en los 3 partidos oficiales disputados.

José Rojas: logró entenderse bien con Osvaldo, falló en la marca del primer gol de Wanderers, pero evidenció buen oficio como central.

Cristián Suarez: buen partido de “Banana”, se encargó de la sorpresa táctica diseñada por Lasarte (soltarlo reiteradamente). Se muestra fuerte físicamente y tuvo directa incidencia en el gol de Patricio Rubio.

Gonzalo Espinoza: de lo mejor de Universidad de Chile, inteligente en la marca y excelente criterio para distribuir los balones. Magistral cesión a Rubio para el posterior gol de Canales.

Sebastián Martínez: correcto partido del “Chino”, ha mejorado notablemente en la entrega del balón. Excelente capacidad aeróbica: otorga la entrega física en la dupla de contención con Espinoza.

Fabián Carmona: bajo partido del joven volante, perdió muchos balones y no logra ser el conductor de Universidad de Chile.

Sebastián Ubilla: el más bajo de los delanteros, no logra crear situaciones peligrosas mediante desbordes y escasa capacidad de gol.

Gustavo Canales: otra vez figura del partido, “El Mágico” cada partido muestra su categoría y jerarquía. Sobresaliente definición en el gol. Inteligente y de gran capacidad técnica en la entrega del balón.

Patricio Rubio: uno de los mejores partidos que ha tenido en la “U”, lo que coronó con un golazo.

Cambios:

Juan Ignacio Duma: entró por Ubilla. Tuvo un buen cruce en la faceta defensiva. Pero debe aportar más si quiere ser alternativa.

Joao Ortiz: entró por Carmona. No disputó muchos minutos, pero reforzó la defensa cuando la U tuvo un hombre menos.

Enzo Gutiérrez: entró por Canales. No se muestra como un real aporte para el cuadro azul, no es capaz de aguantar las pelotas cuando la U lo requirió. Nuevamente mal desempeño.

Por Cristóbal Cornejo Sánchez.

jueves, 31 de julio de 2014

Santiago Morning 1 – Universidad de Chile 5

Este partido era uno de los últimos lastres que quedaban del proceso anterior: eliminación de la Copa Chile en un grupo en el que además estaban las potencias continentales de Audax y Magallanes.
Ahora que toda aquella basura ha quedado atrás, comienzan a desprenderse las causas ocultas de la debacle. La más notoria de ellas fue el deplorable estado físico del plantel: desde Franco a Romero sólo se retrocedió al respecto. Una vergüenza.
Si bien el partido con Santiago Morning era absurdo, servía al menos para ratificar la pericia del nuevo cuerpo técnico, para ver si -al igual que Jesús- era capaz de resucitar algún muerto y para presenciar el debut de algún muchacho de las divisiones menores. Desglosemos:

  1. La destreza de Lasarte: efectivamente, el DT uruguayo ha sido capaz de encauzar el rumbo de un equipo que parecía condenado a la putrefacción. Se recuperó la pierna fuerte en el mediocampo y se nota un espíritu de lucha constante durante los 90 minutos. También se rescató el concepto de equipo corto y el pressing sobre la salida del rival. Por otra parte, la cancha se abre hacia los dos costados por igual, lo que le resta obviedad al volumen ofensivo. Como Lasarte no es amigo de los lujitos inútiles, ha relucido el pragmatismo para desprenderse del balón con propósitos verticales. La oncena es rápida y agresiva. Bien el charrúa.
  2. Lázaro siempre vuelve: cuando parecían muertos y enterrados, ayer jugaron varios zombies… Ramón Fernández se ve más delgado y dinámico, aunque insiste con la imbecilidad de ganarse tarjetas amarillas por reclamar faltas que ya están cobradas. Conclusión: es un burro idiota y, por lo mismo, no se puede confiar en él. César Cortés sigue siendo el mismo mariposón de siempre: cobarde y débil hasta la desesperación. La irrupción del interesante Matías Pinto lo ha relegado para siempre: uno menos. Enzo Gutiérrez es lento y define mal. Si bien demuestra sacrificio, es difícil saber de qué cresta juega: no es un 9, no es un 10 y menos un 11. Es un [8α/9♫ + β/♠]. Al menos lanzó un buen centro en el tercer gol a O’Higgins. Con el señor Magalhaes es siempre lo mismo: sólo corre y corre y corre… Como lanza sería un crack. Finalmente, lo de Luis Marín es muy preocupante: anoche hizo el loco en el gol de Gonzalo Reyes. ¿Qué pasa si se lesiona Johnny Herrera o lo expulsan? ¿Va a jugar este maniquí indeciso? Este ha sido el único detalle en el que la dirigencia no reparó. Y es que Marín es como los arqueros chilenos de antaño: falla en el momento menos indicado.
  3. El resto: Juan Ignacio Duma fue uno de los beneficiados, pues es más concreto y certero que Ubilla, aunque debe medir sus ínfulas de estrella. Esta es la temporada más importante de su carrera. Muy bien Bryan Cortés y Guzmán Pereira, quienes sostuvieron el mediocampo: el primero es una alternativa a considerar, pues tiene quite y entrega bien el balón; el charrúa, por su parte, es un perro cuando hay que marcar y al mismo tiempo es capaz de habilitar con intención y profundidad. Ambos serán un aporte. Tibio debut de Cristián Cuevas, tal vez cansado tras sus aventuras con la selección chilena, aunque el mismo Lasarte ha aclarado que lo ve más como un volante que como un lateral izquierdo. De los debutantes destacó el ya citado Matías Pinto: valiente, solidario y de buen  finiquito. A Diego Urquieta le falta la pericia que da el puesto cuando pasan los años, pues jugar de central es mucho más exigente y él es muy inocente aún. Nicolás Ramírez se vio poco porque el Chago apenas llegó (lo mismo aconteció con José Rojas, de hecho) y Luis Pinilla estuvo corriendo todo el tiempo desde que reemplazó a Pereira.


El próximo pleito ante Wanderers se ve difícil, porque el DT Astorga es experto en crear circuitos defensivos. Lo importante es aprovechar las ocasiones de gol y, en ese sentido, este partido puede generar nuevas decisiones por parte de Lasarte: si Ubilla continúa perdiendo goles debajo del arco, la irrupción de Duma será inminente. Lo mismo acontecerá con Patricio Rubio.      

lunes, 28 de julio de 2014



La segunda fecha del Apertura, cerró con una importante victoria de la Universidad de Chile en calidad de visitante. Se enfrentaba a un equipo que a pesar de haberse privado de algunos jugadores fundamentales y, ni más ni menos del director técnico que quedó en la historia como el primero en coronarse campeón con O’higgins, conservaba una estructura base a diferencia de la U de Lasarte. Prueba de ello estuvo en los primeros minutos de juego, en los que el dueño de casa intentó protagonizar yendo al ataque, tal como lo había anunciado el nuevo DT celeste Facundo Sava. Y no solo quedó en el intento, pues consiguió apremiar a la zaga estudiantil  aunque nunca pudo desbaratarla. Nueva faceta del equipo del uruguayo: se adapta de buena manera en labores defensivas, transitando con inteligencia y dinámica a la fase ofensiva. La hegemonía rancagüina no duraría demasiado. Una de las incorporaciones más prometedoras del último tiempo, Matías Corujo, fue nuevamente la llave para abrir la senda del triunfo.
                Para no quedarse tan solo en el detalle puntual de los dos partidos oficiales que hasta ahora ha disputado Universidad de Chile, un análisis con mayor proyección sugiere lo siguiente. Primero, la conducción de la nueva dirigencia asoma con esperanza. Para beneficio del club, el personaje nefasto salió de la escena. Mayor detención en Martín Lasarte. Ya en su paso por el club del cotillón, Lasarte demostró ser un tipo inteligente, decente y capaz. El que no haya concretado un título, se atribuye más a la esencia del equipo que dirigió. Cuando tu capitán llora a moco tendido mientras aún se disputa en cancha la final de un torneo (O’higgins vs UC, año 2013), la señal es categórica como patética. En la U, el uruguayo ha confirmado la faceta que le conocimos. Es un buen profesional, trabajador, inteligente y dueño de una fuerte autoridad otorgada precisamente por aquellas características. Tan solo dos partidos oficiales no nos deben llevar a extrapolar resultados gloriosos, sin embargo, es perfectamente posible augurar un futuro muy bien aspectado, enterrando la miserable etapa del granuja de Yuraszeck.
Señales como ser capaz de constituir rápidamente un equipo competitivo, bajar de las nubes a jugadores flojos y engreídos, exigir que se juegue de local en el estadio Nacional y declarar siempre bien, refrendan las loas para el estratega “oriental”.
                Una visión algo pesimista entre tanta miel sobre hojuelas: Lasarte deberá luchar, ya sea por obligación o por decisión propia, contra jugadores que a pesar de mostrar destellos esperanzadores de fútbol, en estricto rigor no dan ni darán el ancho en la U. Este semestre será decisivo para varios, consolidándose recién para el año siguiente el equipo ideal del uruguayo. La principal falencia de esta U versión “Lasarte-Aguad-Heller”, está en sus delanteros. Aunque no son pocos, tan solo uno de ellos posee nivel de jerarquía acorde a las exigencias de un club grande como la U. Otro, tiene la gran posibilidad de florecer como pieza contundente y debe aprovechar las escasas oportunidades que se le presentarán. Me refiero en primer lugar a Gustavo Canales y en segundo, a Juan Ignacio Duma.  
                El siguiente compromiso nos enfrentará al mejor DT nacional, quien ya no requiere pruebas para demostrar sus capacidades. El inicio de S. Wanderers ha sido positivo pero la obligación azul es imponerse con propiedad, más aun como local y de regreso en el Nacional.
 

sábado, 26 de julio de 2014

Tres movimientos: gloria, ordinariez y cordura.

Lo que más temían los hinchas de la Universidad de Chile finalmente aconteció: el rufián Yuraszeck no supo administrar el éxito de las temporadas 2011-2012 y convirtió una oncena extraordinaria en un equipo comparsa plagado de pusilánimes. Curiosamente, esta decadente metamorfosis se gestó durante aquel breve apogeo y comenzó con la renuncia de Sabino Aguad: el gerente deportivo que frenaba las desmedidas ambiciones de Sampaoli. Desde ese momento, el reforzamiento del plantel corrió por parte del DT trasandino y de los propios dirigentes, quienes a la larga asumieron este cometido de manera exclusiva.
Jorge Sampaoli será reconocido toda la vida por la hinchada de la U, pero hay que dejar muy claro que él también fue responsable de aquella confusa etapa:
1. Jamás dosificó el natural desgaste del plantel y es un peligroso partidario de las infiltraciones[1], método que estuvo a punto de ultimar a Osvaldo González y con el que, además, tentó a Charles Aránguiz para que jugara el último partido amistoso contra Brasil antes del Mundial.
2. No supo reforzar el equipo, porfió la llegada de dos lastres costosos (Morante y Civelli), entre otros, y desechó a un jugador que rindió desde el principio y que marcaba diferencias ante cualquier rival: Raúl Ruidíaz.
En cuanto a su trabajo propiamente tal, podemos criticar dos aspectos:
1. El pésimo planteamiento realizado en la Bombonera, pleito para el cual bastaba replicar la táctica empleada contra Liga Deportiva en Quito y en la que el trabajo de Albert Acevedo fue fundamental.
2. La testarudez practicada en su último período en la U: planteamientos ridículos ante rivales que lo superaban en calidad individual y en estado físico. La asquerosa derrota ante Sao Paulo fue su peor momento como DT.
En fin, pese a todo, la era del casildense tuvo dos logros inéditos: la obtención de una Copa Internacional de manera invicta -y con el mejor rendimiento que alguna vez ha tenido algún campeón continental (10 partidos ganados y 2 empatados)- y la consecución de un tricampeonato nacional.
Se han escuchado críticas respecto de la venta de jugadores, pero en este caso ni entrenadores ni dirigentes pueden competir con las toneladas de dinero que ofrecen desde el exterior. Además, para ser francos, exigirles sacrificio económico y fidelidad ciega a muchachos que en algún momento de su niñez mascaron lauchas sería injusto. El tema es reforzar con calidad, dilema sin solución para la tropa de ineptos que estuvieron a cargo de la Universidad de Chile en aquel triste período.
La fuga de Sampaoli implicaba el arribo de un DT experimentado, más aún si se venía por delante la Copa Libertadores de América. Pues bien, contrario a esto se trae a Darío Franco: un técnico inexperto que venía de dirigir dos temporadas en la Primera B de Argentina (San Martín de San Juan e Instituto de Córdoba). Su campaña fue inestable y el equipo deambuló entre la excelencia y la penuria: por una parte, se le ganó a las ratas blancas, se obtuvo la Copa Chile ante la UC y se hizo un partido de antología en Rosario, con una formidable actuación de Guillermo Marino; por otra, se perdieron pleitos del campeonato nacional de manera patética y se cumplió una pésima actuación ante Olimpia y el mismo Newell’s en Santiago, derrotas que eliminaron a los azules en la primera fase de la Copa: fracaso inaceptable. Para más remate, Franco perdió el control del plantel y se desataron las escaramuzas y la indisciplina. El DT fue despedido de manera ordinaria y llegó en su reemplazo el payaso que faltaba: Marco Figueroa, con quien la U tocó fondo. Tema aparte fue el proceso de contrataciones, un caos que aún no se entiende, pues llegaron jugadores de tercer orden a reemplazar a campeones sudamericanos. Como era lógico, la oligofrenia de Figueroa se convirtió en su enésima indemnización y se nombró al novato Cristian Romero como DT interino con otra Copa Libertadores a la vuelta de la esquina. Todo absolutamente mal, mal, mal. Los azules vuelven a caer en primera fase, pese a anotarse otro record a su favor: tras el triunfo ante Guaraní en Paraguay, la U es el único equipo chileno que ha ganado en todos los países sudamericanos. Romero corona una de las peores campañas locales de los últimos tiempos y, cuando parecía todo perdido, el jeta Yuraszeck abandona la presidencia de Azul Azul y con ello desaparece el sarcoma…
¿Qué podemos esperar de este nuevo proceso? Principalmente decencia: la jefatura de Carlos Heller, el retorno de Sabino Aguad y la incorporación de Alberto Quintano son garantía de ello. Creemos que el arribo de Martín Lasarte también es sinónimo de respetabilidad y, al menos, las contrataciones tuvieron sentido, como también la decisión de reducir el plantel. Es cierto que el partido ante Cobresal fue un parámetro discreto, pero al menos el equipo se vio afiatado, con pierna fuerte y con una disposición ofensiva cuerda: por fin se acabó la línea de tres en el fondo, señal de que la ofuscación por el estilo del 2011 ha llegado sanamente a su fin.



[1] La infiltración es un método terapéutico que puede acortar los tiempos de recuperación y en el que se emplean anestésicos locales como la lidocaína y un corticoide tipo dexametasona, betametasona o triamcinolona. Su uso debe ser prudente: no debe emplearse horas antes de un partido porque anestesia las estructuras anatómicas lesionadas y bloquea la sensación de dolor, lo que puede causar rompimiento ligamental, tendinoso o muscular. Sólo debe realizarse si hay un tiempo sensato de restablecimiento: luego de infiltrarse, el jugador debe tener 4 días de descanso. Además, un deportista sólo puede someterse a dos infiltraciones al año; de lo contrario, el corticoide se cristaliza y el tendón se endurece, perdiendo elasticidad y elongación, e incluso provocando su posterior rotura. 

viernes, 8 de marzo de 2013

Newell’s Old Boys 1 – Universidad de Chile 2


En el artículo anterior aseguramos que el crédito de Darío Franco se había agotado tras la sombría derrota ante el rústico y picante Santiago Wanderers, básicamente porque el equipo se había visto desordenado, indolente y con un mediocampo incapaz de crear alguna jugada decente. Manifestamos también nuestra inquietud ante el futuro de los azules en esta Copa Libertadores, torneo en el que ya se registraba una dura y mafiosa caída ante Olimpia. Entonces Darío Franco, enseñando agallas y relegando cualquier clase de temor, decide llevar un equipo más que mixto al Salvador, pese a que una nueva caída en el campeonato local prácticamente generaría su crucifixión. La apuesta resulta, se vence a Cobresal y se consigue el objetivo: haber guardado las fuerzas que debían desplegarse sí o sí en Rosario. Y así nomás fue…
La verdad es que la U nos sorprendió a todos, incluyendo a los más optimistas: nadie se imaginó a los azules dándole un baile durante 30 minutos al equipo de Gerardo Martino, lapso en el que el dos a cero se quedó corto y en el que perfectamente se pudo haber asegurado el pleito. La Universidad de Chile volvió a brillar y motivó un estado de felicidad que no se vivía desde la Copa Libertadores anterior, cuando se derrotó a Godoy Cruz, Peñarol, Nacional de Medellín, Deportivo Quito y a Libertad. Sólo la despreciable actuación del árbitro Paulo César de Oliveira pudo equilibrar el partido: llenó a la U de tarjetas amarillas injustificadas, inventó faltas cerca del área y compensó la expulsión del torpe Heinze con la de José Rojas, a quien excluyó de la cancha por nada. Cuando los imbéciles e ignorantes periodistas chilenos se pregunten otra vez -y con las babas colgando- por qué a los equipos chilenos les cuesta tanto ganar en Argentina, Uruguay y Paraguay, les mostraremos el arbitraje de este hampón y unos cuantos más de los que se han olvidado. Sacos de huevas.
Darío Franco dio con la formación ideal y comulgó con varios deseos de los hinchas más experimentados: jugó de visita con una línea de cuatro zagueros, en la que incluyó a Igor Lichnovsky para garantizar el cabezazo y en la que desplazó a Albert Acevedo hacia la franja derecha, para así evitar su misteriosa y aterradora espontaneidad; introdujo dos volantes de creación que también son capaces de generar buen fútbol: Charles Aránguiz y Sebastián Martínez; enriqueció la zona media insertando a Guillermo Marino, Gustavo Lorenzetti y Ramón Fernández, lo que a su vez le dio más opciones de habilitación a Sebastián Ubilla. En el segundo tiempo ingresó Isaac Díaz para darle preocupación a los zagueros rivales y así evitar que se sumaran al ataque con tanta libertad.
El planteamiento del nuevo cuerpo técnico resultó porque se le sacó provecho a aquella inspirada media hora inicial, aunque la tendencia al lujo de Ramón Fernández privó a los azules de un tercer gol que hubiese sido mortífero. Insistimos, sólo la actuación de ese réferi descarado que es Oliveira le permitió a los rosarinos seguir con vida. De hecho, el gol del descuento nace de una falta inventada que, para más remate, le costó la tarjeta amarilla a Gustavo Lorenzetti. Curiosamente, FOX jamás repitió la falsa incidencia.
Darío Franco decidió replegar las líneas para usufructuar la diferencia de velocidad mental y física que tenían a favor los jugadores azules. Y esta es la disimilitud respecto de la desgastada estrategia del proceso anterior: un equipo debe saber administrar la ventaja y jamás tiene que asumir la responsabilidad del contrincante. Una cosa es ser generoso y la otra es ser huevón.
Obviamente, para poder contragolpear de forma efectiva se necesitan delanteros rápidos y mediocampistas capaces de filtrar balones en profundidad. La Universidad de Chile cuenta con esta clase de elementos, lo que garantiza que jamás se volverá a cometer la idiotez de quedarse con dos zagueros en el fondo cuando se juegue de visita, especialmente en Brasil.
En cuanto a los rendimientos individuales, sencillamente se registraron actuaciones conmovedoras: José Rojas, Eugenio Mena, Charles Aránguiz, Guillermo Marino, Sebastián Ubilla e Isaac Díaz dieron una lección de cómo se juega de visita ante cabrones consolidados.
Pese a este gran resultado, existe en el ambiente una sana cautela, pues los torneos sudamericanos no poseen la fastidiosa obviedad de sus símiles europeos: acá cualquiera puede hacerle partido a cualquiera, en toda clase de escenarios y siempre hay resultados que sorprenden. El cuerpo técnico ha sido precavido con este triunfo y eso siempre es sano. De hecho, la Universidad de Chile le dará la prioridad a la revancha del próximo martes y jugará ante Iquique alineando a quienes habitualmente son suplentes, pues para materializar el éxito obtenido en Argentina la U debe derrotar a Newell’s en Santiago y la tarea no será fácil.
Al menos Darío Franco ha demostrado tener cualidades tácticas bastante pragmáticas, por lo que es improbable que plantee maniobras intrépidas e irracionales. La obligación recae en los rosarinos y su bloque defensivo es lento y discreto: ahí está la clave. Por ahora nos quedamos más tranquilos, pues el DT nos ha sorprendido y nos dio una nueva cátedra de paciencia, tal como alguna vez lo hicieron Cristian Traverso, Marcelo Díaz y el mismo Jorge Sampaoli.  
Un abrazo a todos los azules del mundo, la calma al fin llegó y ojalá sea el inicio de una flamante enseñanza.


viernes, 1 de marzo de 2013

El ácido regreso de la inestabilidad


La cualidad más repelente de las peores versiones de la Universidad de Chile siempre fue la imprevisibilidad: se iba al estadio desprovisto de toda certidumbre, la U podía jugar un partidazo o sencillamente realizar una labor anodina que flirteaba con la ridiculez. Así las cosas, la presentación vergonzosa ante el pésimo Wanderers de Valparaíso nos obsequió un repugnante viaje al pasado: los azules no jugaron a NADA, a absolutamente NADA. Y lo más detestable es que ya se presumía cierta evolución a cargo del nuevo cuerpo técnico. Sin embargo, el triunfo del fin de semana ante el patético San Marcos de Arica sólo fue un ensueño interpretado por una legión de espectros caprichosos, por fantasmas que de pronto recordaron su etérea condición. Y es que hay distintas maneras de perder: por lo general un equipo es vencido porque el rival lo superó en todas las líneas, porque se replegó demasiado y terminó ahogándose, porque arriesgó mucho y fue sorprendido en un par de contragolpes, porque algún árbitro desplegó un saqueo alucinante o porque algún jugador cometió un error puntual. En este caso no ocurrió nada de eso: esta derrota ante un cuadro de segundo orden sólo enseñó displicencia, insulsez y una falta de categoría alarmante si consideramos que el equipo está disputando la Copa Libertadores de América.
En el artículo anterior señalamos que Darío Franco necesitaba más tiempo y cierta consideración por parte de los simpatizantes azules debido a que las condiciones en que tomó el plantel no habían sido las más convenientes: figuras emigrantes, refuerzos discretos y jugadores reventados o lesionados. Sin embargo, en la absurda derrota ante los porteños el nuevo DT tuvo mucha responsabilidad. Franco planteó un tridente ofensivo que parecía interesante (César Cortés, Isaac Díaz y Juan Ignacio Duma), pero falló en dos asuntos claves:
  1. La estructura del mediocampo: la desfiguración de esta zona fundamental incidió precisamente en el abastecimiento de los mentados hombres en punta, quienes sólo recibieron pelotazos frontales de los defensores debido a que nadie salía a recibir el balón que nacía desde la zaga. La tarea debió recaer en Ramón Fernández, pero este jugador mediocre se escondió durante todo el partido porque sencillamente no existe si está ausente Guillermo Marino, quien a su vez fue relegado a la banca de forma insensata. Charles Aránguiz y Sergio Velázquez, por diferentes motivos, aún están en proceso de aclimatación y chocaron contra los antagonistas durante todo el pleito, mientras Roberto Cereceda abusó de lujos vanos en lugar de desbordar. El ingreso de Sebastián Martínez y de Gustavo Lorenzetti fue confuso y no aportó nada. ¿Cómo solucionar el problema? Charles Aránguiz debe jugar partido por medio para no alterar su recuperación, Sergio Velázquez debe tener continuidad para que su adaptación sea veloz, Guillermo Marino es titular indiscutido porque es el único capaz de generar juego limpio y con la pelota en el piso, y el retorno de Eugenio Mena es urgente porque sin él la banda izquierda no existe. Un factor preponderante será el regreso de Ezequiel Videla, quien -al contrario de su compatriota Ramón Fernández- pide el balón y asiste a sus compañeros durante los 90 minutos. Luciano Civelli también está en condiciones de aportar alguna solución en el terreno medio, pues al menos tiene potencia. En suma, si se juega con línea de tres en el fondo, por ahora los centrocampistas titulares debiesen ser Sergio Velázquez, Charles Aránguiz, Gustavo Lorenzetti, Gustavo Marino y Eugenio Mena. Ramón Fernández y Sebastián Martínez deben ganarse el puesto.         
  2. La zona defensiva, por su parte, fue conformada por Paulo Magalhaes, Albert Acevedo y José Rojas. Magalhaes se ve muy inseguro conformando una línea de tres, pues además se le resta libertad para llegar al área contraria, característica principal de su juego. Tal vez una buena opción sería retroceder a Sergio Velázquez o incluir alternadamente a Valber Huerta. Acevedo al centro de la zaga es un peligro público: no tiene estatura suficiente y entrega mal el balón, sus mejores aptitudes están relacionadas con las labores de marca específica. Lo anterior incide en que José Rojas se vea muy solo y con mucha tarea sobre los hombros. El ingreso de Osvaldo González y la recuperación definitiva de Waldo Ponce son urgentes, sólo así la señalada línea de tres zagueros tendría sentido. Lo que sí extraña es la relegación que sufre Igor Lichnovsky, capitán de la sub-20 que acaba de clasificarse a un Mundial, pues añade pierna fuerte, salida clara y altura. ¿No será que Franco es fanático del Señor de los Anillos y prefiere a los enanos?
Si bien, como indicamos, la línea ofensiva que enfrentó a Wanderers parecía interesante, fue muy mal asistida y sólo se destacó Isaac Díaz. César Cortés contribuyó con dos pifias de principiante y Juan Ignacio Duma lo hizo con su invisibilidad. El ingreso de Sebastián Ubilla fue atolondrado y no aportó nada. Así las cosas, solamente Isaac Díaz muestra condiciones como para evolucionar de manera importante, el resto es demasiado tibio para un equipo con pretensiones. Surge entonces la interrogante sustancial: ¿es la U de Franco un cuadro con aspiraciones? Por desgracia, creemos que no. Este será un maldito período de transición, al igual que el campeonato en curso. Los dirigentes lo tienen bien claro y sólo se dedican a especular para que el populacho se quede tranquilo.
Darío Franco es un DT inexperto que se demorará mucho en dar con la oncena titular. Por ahora se nota cierta tendencia al ensayo. En fin, sólo podremos emitir un juicio justo cuando pueda contar con todos los jugadores que quedaron triturados tras el proceso anterior, pero al menos ya debería tener claro el mediocampo. En todo caso, la ventaja que posee un cuerpo técnico de mayor experiencia es precisamente la que ahora es falencia en esta U: estructurar la estrategia más adecuada de acuerdo al plantel que se tiene y acortar los plazos de adecuación. El gran Sergio Markarián dio una clase magistral al respecto.