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viernes, 8 de marzo de 2013

Newell’s Old Boys 1 – Universidad de Chile 2


En el artículo anterior aseguramos que el crédito de Darío Franco se había agotado tras la sombría derrota ante el rústico y picante Santiago Wanderers, básicamente porque el equipo se había visto desordenado, indolente y con un mediocampo incapaz de crear alguna jugada decente. Manifestamos también nuestra inquietud ante el futuro de los azules en esta Copa Libertadores, torneo en el que ya se registraba una dura y mafiosa caída ante Olimpia. Entonces Darío Franco, enseñando agallas y relegando cualquier clase de temor, decide llevar un equipo más que mixto al Salvador, pese a que una nueva caída en el campeonato local prácticamente generaría su crucifixión. La apuesta resulta, se vence a Cobresal y se consigue el objetivo: haber guardado las fuerzas que debían desplegarse sí o sí en Rosario. Y así nomás fue…
La verdad es que la U nos sorprendió a todos, incluyendo a los más optimistas: nadie se imaginó a los azules dándole un baile durante 30 minutos al equipo de Gerardo Martino, lapso en el que el dos a cero se quedó corto y en el que perfectamente se pudo haber asegurado el pleito. La Universidad de Chile volvió a brillar y motivó un estado de felicidad que no se vivía desde la Copa Libertadores anterior, cuando se derrotó a Godoy Cruz, Peñarol, Nacional de Medellín, Deportivo Quito y a Libertad. Sólo la despreciable actuación del árbitro Paulo César de Oliveira pudo equilibrar el partido: llenó a la U de tarjetas amarillas injustificadas, inventó faltas cerca del área y compensó la expulsión del torpe Heinze con la de José Rojas, a quien excluyó de la cancha por nada. Cuando los imbéciles e ignorantes periodistas chilenos se pregunten otra vez -y con las babas colgando- por qué a los equipos chilenos les cuesta tanto ganar en Argentina, Uruguay y Paraguay, les mostraremos el arbitraje de este hampón y unos cuantos más de los que se han olvidado. Sacos de huevas.
Darío Franco dio con la formación ideal y comulgó con varios deseos de los hinchas más experimentados: jugó de visita con una línea de cuatro zagueros, en la que incluyó a Igor Lichnovsky para garantizar el cabezazo y en la que desplazó a Albert Acevedo hacia la franja derecha, para así evitar su misteriosa y aterradora espontaneidad; introdujo dos volantes de creación que también son capaces de generar buen fútbol: Charles Aránguiz y Sebastián Martínez; enriqueció la zona media insertando a Guillermo Marino, Gustavo Lorenzetti y Ramón Fernández, lo que a su vez le dio más opciones de habilitación a Sebastián Ubilla. En el segundo tiempo ingresó Isaac Díaz para darle preocupación a los zagueros rivales y así evitar que se sumaran al ataque con tanta libertad.
El planteamiento del nuevo cuerpo técnico resultó porque se le sacó provecho a aquella inspirada media hora inicial, aunque la tendencia al lujo de Ramón Fernández privó a los azules de un tercer gol que hubiese sido mortífero. Insistimos, sólo la actuación de ese réferi descarado que es Oliveira le permitió a los rosarinos seguir con vida. De hecho, el gol del descuento nace de una falta inventada que, para más remate, le costó la tarjeta amarilla a Gustavo Lorenzetti. Curiosamente, FOX jamás repitió la falsa incidencia.
Darío Franco decidió replegar las líneas para usufructuar la diferencia de velocidad mental y física que tenían a favor los jugadores azules. Y esta es la disimilitud respecto de la desgastada estrategia del proceso anterior: un equipo debe saber administrar la ventaja y jamás tiene que asumir la responsabilidad del contrincante. Una cosa es ser generoso y la otra es ser huevón.
Obviamente, para poder contragolpear de forma efectiva se necesitan delanteros rápidos y mediocampistas capaces de filtrar balones en profundidad. La Universidad de Chile cuenta con esta clase de elementos, lo que garantiza que jamás se volverá a cometer la idiotez de quedarse con dos zagueros en el fondo cuando se juegue de visita, especialmente en Brasil.
En cuanto a los rendimientos individuales, sencillamente se registraron actuaciones conmovedoras: José Rojas, Eugenio Mena, Charles Aránguiz, Guillermo Marino, Sebastián Ubilla e Isaac Díaz dieron una lección de cómo se juega de visita ante cabrones consolidados.
Pese a este gran resultado, existe en el ambiente una sana cautela, pues los torneos sudamericanos no poseen la fastidiosa obviedad de sus símiles europeos: acá cualquiera puede hacerle partido a cualquiera, en toda clase de escenarios y siempre hay resultados que sorprenden. El cuerpo técnico ha sido precavido con este triunfo y eso siempre es sano. De hecho, la Universidad de Chile le dará la prioridad a la revancha del próximo martes y jugará ante Iquique alineando a quienes habitualmente son suplentes, pues para materializar el éxito obtenido en Argentina la U debe derrotar a Newell’s en Santiago y la tarea no será fácil.
Al menos Darío Franco ha demostrado tener cualidades tácticas bastante pragmáticas, por lo que es improbable que plantee maniobras intrépidas e irracionales. La obligación recae en los rosarinos y su bloque defensivo es lento y discreto: ahí está la clave. Por ahora nos quedamos más tranquilos, pues el DT nos ha sorprendido y nos dio una nueva cátedra de paciencia, tal como alguna vez lo hicieron Cristian Traverso, Marcelo Díaz y el mismo Jorge Sampaoli.  
Un abrazo a todos los azules del mundo, la calma al fin llegó y ojalá sea el inicio de una flamante enseñanza.


viernes, 1 de marzo de 2013

El ácido regreso de la inestabilidad


La cualidad más repelente de las peores versiones de la Universidad de Chile siempre fue la imprevisibilidad: se iba al estadio desprovisto de toda certidumbre, la U podía jugar un partidazo o sencillamente realizar una labor anodina que flirteaba con la ridiculez. Así las cosas, la presentación vergonzosa ante el pésimo Wanderers de Valparaíso nos obsequió un repugnante viaje al pasado: los azules no jugaron a NADA, a absolutamente NADA. Y lo más detestable es que ya se presumía cierta evolución a cargo del nuevo cuerpo técnico. Sin embargo, el triunfo del fin de semana ante el patético San Marcos de Arica sólo fue un ensueño interpretado por una legión de espectros caprichosos, por fantasmas que de pronto recordaron su etérea condición. Y es que hay distintas maneras de perder: por lo general un equipo es vencido porque el rival lo superó en todas las líneas, porque se replegó demasiado y terminó ahogándose, porque arriesgó mucho y fue sorprendido en un par de contragolpes, porque algún árbitro desplegó un saqueo alucinante o porque algún jugador cometió un error puntual. En este caso no ocurrió nada de eso: esta derrota ante un cuadro de segundo orden sólo enseñó displicencia, insulsez y una falta de categoría alarmante si consideramos que el equipo está disputando la Copa Libertadores de América.
En el artículo anterior señalamos que Darío Franco necesitaba más tiempo y cierta consideración por parte de los simpatizantes azules debido a que las condiciones en que tomó el plantel no habían sido las más convenientes: figuras emigrantes, refuerzos discretos y jugadores reventados o lesionados. Sin embargo, en la absurda derrota ante los porteños el nuevo DT tuvo mucha responsabilidad. Franco planteó un tridente ofensivo que parecía interesante (César Cortés, Isaac Díaz y Juan Ignacio Duma), pero falló en dos asuntos claves:
  1. La estructura del mediocampo: la desfiguración de esta zona fundamental incidió precisamente en el abastecimiento de los mentados hombres en punta, quienes sólo recibieron pelotazos frontales de los defensores debido a que nadie salía a recibir el balón que nacía desde la zaga. La tarea debió recaer en Ramón Fernández, pero este jugador mediocre se escondió durante todo el partido porque sencillamente no existe si está ausente Guillermo Marino, quien a su vez fue relegado a la banca de forma insensata. Charles Aránguiz y Sergio Velázquez, por diferentes motivos, aún están en proceso de aclimatación y chocaron contra los antagonistas durante todo el pleito, mientras Roberto Cereceda abusó de lujos vanos en lugar de desbordar. El ingreso de Sebastián Martínez y de Gustavo Lorenzetti fue confuso y no aportó nada. ¿Cómo solucionar el problema? Charles Aránguiz debe jugar partido por medio para no alterar su recuperación, Sergio Velázquez debe tener continuidad para que su adaptación sea veloz, Guillermo Marino es titular indiscutido porque es el único capaz de generar juego limpio y con la pelota en el piso, y el retorno de Eugenio Mena es urgente porque sin él la banda izquierda no existe. Un factor preponderante será el regreso de Ezequiel Videla, quien -al contrario de su compatriota Ramón Fernández- pide el balón y asiste a sus compañeros durante los 90 minutos. Luciano Civelli también está en condiciones de aportar alguna solución en el terreno medio, pues al menos tiene potencia. En suma, si se juega con línea de tres en el fondo, por ahora los centrocampistas titulares debiesen ser Sergio Velázquez, Charles Aránguiz, Gustavo Lorenzetti, Gustavo Marino y Eugenio Mena. Ramón Fernández y Sebastián Martínez deben ganarse el puesto.         
  2. La zona defensiva, por su parte, fue conformada por Paulo Magalhaes, Albert Acevedo y José Rojas. Magalhaes se ve muy inseguro conformando una línea de tres, pues además se le resta libertad para llegar al área contraria, característica principal de su juego. Tal vez una buena opción sería retroceder a Sergio Velázquez o incluir alternadamente a Valber Huerta. Acevedo al centro de la zaga es un peligro público: no tiene estatura suficiente y entrega mal el balón, sus mejores aptitudes están relacionadas con las labores de marca específica. Lo anterior incide en que José Rojas se vea muy solo y con mucha tarea sobre los hombros. El ingreso de Osvaldo González y la recuperación definitiva de Waldo Ponce son urgentes, sólo así la señalada línea de tres zagueros tendría sentido. Lo que sí extraña es la relegación que sufre Igor Lichnovsky, capitán de la sub-20 que acaba de clasificarse a un Mundial, pues añade pierna fuerte, salida clara y altura. ¿No será que Franco es fanático del Señor de los Anillos y prefiere a los enanos?
Si bien, como indicamos, la línea ofensiva que enfrentó a Wanderers parecía interesante, fue muy mal asistida y sólo se destacó Isaac Díaz. César Cortés contribuyó con dos pifias de principiante y Juan Ignacio Duma lo hizo con su invisibilidad. El ingreso de Sebastián Ubilla fue atolondrado y no aportó nada. Así las cosas, solamente Isaac Díaz muestra condiciones como para evolucionar de manera importante, el resto es demasiado tibio para un equipo con pretensiones. Surge entonces la interrogante sustancial: ¿es la U de Franco un cuadro con aspiraciones? Por desgracia, creemos que no. Este será un maldito período de transición, al igual que el campeonato en curso. Los dirigentes lo tienen bien claro y sólo se dedican a especular para que el populacho se quede tranquilo.
Darío Franco es un DT inexperto que se demorará mucho en dar con la oncena titular. Por ahora se nota cierta tendencia al ensayo. En fin, sólo podremos emitir un juicio justo cuando pueda contar con todos los jugadores que quedaron triturados tras el proceso anterior, pero al menos ya debería tener claro el mediocampo. En todo caso, la ventaja que posee un cuerpo técnico de mayor experiencia es precisamente la que ahora es falencia en esta U: estructurar la estrategia más adecuada de acuerdo al plantel que se tiene y acortar los plazos de adecuación. El gran Sergio Markarián dio una clase magistral al respecto.

jueves, 21 de febrero de 2013

Un nuevo ciclo


Sentimos habernos ausentado durante tanto tiempo, pero los incidentes diarios suelen restringir nuestras aficiones.
En el último artículo que publicamos, Jorge Sampaoli aún era el DT azul y la verdad es que en aquel momento consideramos improbable su partida, básicamente porque la selección nacional había quedado exánime tras la nefasta conducción del vasallo “arbo” y, por lo tanto, asumir su dirección nos parecía una tarea imprudente. Estábamos equivocados: el victorioso cuerpo técnico de la U resolvió comprometerse en una expedición insólita pese a que debía afrontar una nueva Copa Libertadores.
Pese al reconocimiento eterno que tendrá Sampaoli en los hinchas de la Universidad de Chile, el final de su ciclo estuvo marcado por el desgaste irreflexivo de un plantel que no tuvo rotación y por decisiones tácticas recalcitrantes. Además, se concretó la fuga de jugadores demasiado importantes para el equipo y, por diversos motivos, los nuevos elementos que arribaron no rindieron como se esperaba. A propósito de esto, si bien reconocemos que son los propios futbolistas quienes presionan para emigrar y que este éxodo es inevitable cuando se agotan las instancias de acuerdo con los dirigentes, se cometieron al respecto dos errores esenciales de los que se debe aprender:
  1. Los deportistas que poseen una mayor capacidad de adaptación deben quedarse como mínimo un año: es inconcebible que Junior Fernandes y Raúl Ruidíaz sólo hayan jugado 6 meses en la U. Su partida, para más remate, se unió a la de Ángelo Henríquez y el resultado fue nefasto: se acabaron los goles.
  2. Si se contratan delanteros del medio local, tienen que llegar aquellos que se hayan desempeñado de manera óptima contra los azules; es decir, quienes le hayan hecho daño: el arribo de Gustavo Canales, pese a su posterior ingratitud, fue una buena decisión en su momento y haberse farreado a Emanuel Herrera fue una estupidez.       
Jorge Sampaoli deseaba formar una oncena de lujo que implicaba inversiones desmesuradas para el medio; curiosamente, al no obtenerlas enfatizó la actitud suicida de su sistema de juego. Las eliminaciones absurdas ante Sao Paulo y la Unión Española fueron el fiel reflejo de su tozudez. En suma, el casildense fue incapaz de extender su éxito y careció de la versatilidad que lo llevó a ganar la Copa Sudamericana de manera espectacular: el pleito contra Liga Deportiva en Quito comprueba que el DT podía alterar su esquema para privilegiar el resultado, acierto que desestimó cuando cayó con Boca en Buenos Aires.
En fin, todo esto es pasado y la realidad de la Universidad de Chile parece distanciarse mucho de ese gran equipo que ganó el primer trofeo internacional para el club: la propuesta de Darío Franco es muy distinta y los intérpretes también.
Aclaremos algo inmediatamente: Franco llegó a un cuadro debilitado por la emigración y por las lesiones originadas en el período anterior; por tal razón, merece un lapso de aclimatación en el que las críticas deben ser moderadas. Recordemos las derrotas que sufrió la U durante el primer semestre de la era Sampaoli: perdió ante los discretos Santiago Morning y San Felipe en el mismísimo Estadio Nacional. 
El asunto es que el primer desafío del actual cuerpo técnico fue salvado tranquilamente: la U avanzó a semifinales de la Copa Chile. Después se venció con claridad a Audax Italiano y se perdió ante Unión Española pálidamente, aunque en este último caso existía una justificación: el debut como local en la Copa Libertadores, circunstancia que implicaba una tremenda obligación si se pretendía iniciar el proceso de clasificación a octavos de final. Darío Franco cumplió otra vez y, volvemos a insistir, con un plantel diezmado. En cuanto a su estrategia, lo más notorio es la tendencia a utilizar tan sólo un volante de contención, que en este caso sería Sebastián Martínez. Esta determinación ha significado cierto desequilibrio en la zona, lo que ha expuesto en demasía a la línea de zagueros. Seguramente, la mentada inestabilidad será solucionada con la inclusión de Osvaldo González e Igor Lichnovsky, más el ingreso de los volantes mixtos que aún están recuperándose: Charles Aránguiz, Ezequiel Videla o Luciano Civelli. Hay que mantener la calma, desearle el éxito a Matías Rodríguez y darle la bienvenida a Sergio Velázquez, quien al parecer llegó con la mejor de las actitudes.
La igualdad con Everton en Quillota enseñó una vez más el principal obstáculo de este equipo: la ausencia de dos goleadores de fuste. Preguntamos: ¿esto es culpa de Darío Franco? Por ningún motivo. Es más, el problema real del nuevo DT azul es haber sido demasiado condescendiente con los dirigentes, aceptando  condiciones caracterizadas por una austeridad extrema y por una ignorante ceguera: ¿qué hace Miguel Ángel Cuéllar en Cobreloa, por ejemplo?
La derrota con Olimpia ha causado una estampida de yeguas inconsecuentes en las redes de comunicación social, hinchas que pretenden la continuidad de un proceso exitoso sin considerar los siguientes factores, algunos de los cuales ya señalamos en este mismo artículo:
  1. El gradual debilitamiento del plantel: desde que se ganó la Copa Sudamericana se han ido Eduardo Vargas, Marcos González, Gustavo Canales, Gabriel Vargas, Diego Rivarola, Junior Fernandes, Ángelo Henríquez, Felipe Gallegos, Raúl Ruidíaz, Marcelo Díaz, Francisco Castro y Matías Rodríguez. Antes ya se habían marchado Felipe Seymour y Edson Puch. Preguntamos otra vez: ¿los actuales reemplazantes de estos jugadores son sustitutos idóneos? En la actualidad, el rendimiento de la oncena es sostenido por los sobrevivientes del 2011: Johnny Herrera, José Rojas, Osvaldo González, Eugenio Mena, Charles Aránguiz, Gustavo Lorenzetti y Guillermo Marino. Quienes sí merecen paciencia y consideración son Igor Lichnovsky, Sebastián Martínez y Juan Ignacio Duma, pues nacieron en el club.
  2. La fatiga de los jugadores: ya señalamos la incomprensible obcecación del cuerpo técnico anterior respecto de la nula rotación del plantel, considerando además que varios deportistas azules estaban siendo nominados a la selección nacional. Consecuencia: Darío Franco heredó lesiones musculares e intervenciones quirúrgicas que, obviamente, inciden en los resultados.
  3. Cuando la mayoría de los periodistas, haciendo gala de su odiosa ineptitud, comparan el rendimiento de Darío Franco con el de Jorge Sampaoli soslayan groseramente un gran detalle: el casildense arribó a la U sin que la escuadra tuviera alguna responsabilidad internacional, sólo debía disputar el torneo de apertura 2011 y, por lo tanto, pudo practicar su estrategia sin exponerse tanto como hoy en día sí debe hacerlo Franco. Resulta injusto aquel discursito fúnebre de los hinchas que avizoran el fracaso anticipado del nuevo cuerpo técnico. Si Darío Franco obtiene algún título, estos paladines del pesimismo serán los primeros en embriagarse como cerdos.
  4. Por último, pretender que un cuerpo técnico reciente gane absolutamente todo desde el principio no es más que una desfachatez iletrada: ¿cómo empezó la temporada el AC Milan? ¿Acaso el retorno de Bianchi a Boca Juniors ha sido sencillo? ¿Ganó algo el Newell’s de Martino en su primer año? ¿Cómo fue el primer semestre de Lasarte en la UC? Darío Franco debe trabajar tranquilo y los simpatizantes azules tienen que apoyarlo, así de simple. De lo contrario, que todos se hagan hinchas del Barcelona de una maldita vez y se acabó.
Mientras la prensa deportiva sigue exhibiendo su pedante analfabetismo y, como aseguró El Mercurio, considera que la U tiene complicada sus opciones coperas”, nosotros aclararemos lo siguiente: que los azules cayeran en Asunción estaba dentro de las posibilidades; además, perdió por errores puntuales que son propios de un cuadro en rodaje, igualmente se creó ocasiones de gol y, cuando se estaba uno a cero abajo, fue mal anulada una llegada a fondo de Charles Aránguiz. Para más remate, el segundo tanto de los paraguayos fue absolutamente viciado y restringió el resultado final de manera vergonzosa. Replicándole al periodismo rasca: la Universidad de Chile tiene intactas sus posibilidades de clasificación porque hasta ahora ha obtenido dos resultados lógicos: derrotó al campeón venezolano en Santiago y perdió en Paraguay. La U depende de sí misma y su obligación es ganar los dos encuentros que le restan como local y sacar puntos en Argentina o en Venezuela. Cualquier otra cosa que se diga sólo es basura malintencionada.

                    

jueves, 22 de noviembre de 2012

Play off


En las dos últimas fechas de la fase regular la Universidad de Chile derrotó a dos equipos fofos que salvaguardaron sus intereses con intenciones disímiles: mientras Huachipato jugó a media máquina por estar ya clasificado al play off, la Universidad de Concepción prefirió velar por su condición física debido a la liguilla de promoción que tenía por delante. Así las cosas, los azules se vieron muy superiores y de alguna forma dio la impresión de que Jorge Sampaoli al fin había logrado cierto equilibrio en la conformación de la oncena, la que se habría enriquecido gracias al afianzamiento de Juan Ignacio Duma. Sin embargo, el partido ante Unión Española volvió a enseñarnos una faceta paradójica que ya a estas alturas resulta odiosa: la U enfrentando de manera irresponsable a un rival replegado que, curiosamente, tenía la obligación de ganar. Historia vieja que en la llave ante Sao Paulo alcanzó el paroxismo de la improcedencia.  
¿Por qué facilitarles el trabajo a equipos utilitarios que pueden llevarse la gloria mediante la especulación y la cobardía? ¿Por qué seguir reventándole el físico a un plantel que ya está al borde de sus posibilidades? Este era el momento justo para desplegar el pragmatismo que el mismo Sampaoli exhibió ante Liga Deportiva el 2011 en Quito. Pero no, el casildense no quiere ceder.
Insistimos, si bien el volumen de ataque fue amplio y los azules debieron haber triunfado, sólo la solvencia de Johnny Herrera evitó una derrota absurda. Lo cierto es que la U arriesga de manera imprudente y defiende mal: Osvaldo González se infiltró demasiado durante todo el año, por eso ha perdido solidez en los mano a mano, lo que a su vez le sobrecarga el trabajo a José Rojas. Por otra parte, Sampaoli parece empecinado en acudir a Sebastián Martínez en desmedro de Ezequiel Videla, quien al menos asegura más el balón. Desgraciadamente, ambos se lesionaron. ¿Por quién optará el DT para el próximo partido en dicha posición: por Albert Acevedo o por Guillermo Marino? ¿Jugará Matías Rodríguez? ¿Volverá alguna vez a anotar un gol Enzo Gutiérrez? ¿Ganará un hombrazo Sebastián Ubilla?
Por diversas razones ya se preveía que éste iba a ser un semestre de transición: a las contrataciones funestas de Eduardo Morante y de Luciano Civelli se le sumaron las partidas de Marcelo Díaz, Ángelo Henríquez, Raúl Ruidíaz y Junior Fernandes, la tibieza de los ya mentados Gutiérrez y Ubilla, la también señalada extenuación del plantel, la negligencia de una directiva vagabunda que fue incapaz de defender los intereses azules ante la ANFP y, por desgracia, la tozudez de un DT que se niega a asumir una realidad patente: no se puede jugar arriesgando más que en el 2011 si no se poseen jugadores con la misma potencia.
En fin, aunque se ve difícil, esperemos que la U sea capaz de levantar algún trofeo a fin de año, pues al menos en cuanto a sacrificio y espíritu deportivo es el único equipo chileno que merece un título interno. Y mucho ojo con la Copa Chile, pues su obtención permitiría disputar los dos campeonatos internacionales del 2013.
Un abrazo a todos los azules del mundo y paciencia con la teleserie del momento: ¿Jorge Sampaoli a la selección? Eso está por verse…
    

lunes, 12 de noviembre de 2012

Sao Paulo 5 – Universidad de Chile 0


Lo que más molesta de la eliminación que acaba de sufrir la Universidad de Chile en Sao Paulo es que su principal causa fue la obcecación de Jorge Sampaoli, pues su estrategia ya no es compatible con la calidad del plantel y aquello ya había quedado expuesto tras la llave con el Emelec: si recordamos las tapadas y los mano a mano que debió sortear Paulo Garcés en Guayaquil, nos daremos cuenta de que el 3 a 0 del primer tiempo poseía un antecedente que el casildense omitió: últimamente, los delanteros rivales enfrentan cara a cara a los arqueros azules al menos tres o cuatro veces por partido. Sólo la ineficacia de los ecuatorianos evitó que la U fuese eliminada en octavos de final, la misma ineptitud que enseñaron los jugadores de la UC en el último clásico universitario: de no mediar la gran actuación del ya mentado Paulo Garcés, la U perdía el partido de manera ridícula.
¿Por qué está ocurriendo semejante estupidez? Simple: cuando la Universidad de Chile tiene la pelota sólo se queda con dos hombres en el fondo y no con tres, como sí acontecía el año pasado con Marcos González, Osvaldo González y José Rojas. De esta manera, hoy en día cualquier balón perdido genera llegadas a fondo por parte de los adversarios, quienes, por lo demás, ya conocen el juego azul y optan por replegarse, incluso cuando actúan de local. Esta ceguera por parte de Sampaoli convirtió a la U en un cuadro predecible e inocente que, para más remate, ni siquiera tiene pierna fuerte.
El DT ha exhibido muchos desaciertos a nivel internacional durante este semestre y la prueba es que en la mayoría de los encuentros debió realizar al menos dos cambios apenas comenzado el segundo tiempo. Ocurrió ante el Kashima cuando salió con tres delanteros que causaron un vacío en el mediocampo, ocurrió en los dos pleitos con el Emelec y en los dos ante Sao Paulo. En suma, su tendencia ha sido errar el planteamiento desde el principio. Sólo en los partidos disputados ante el Santos pudimos ver a una Universidad de Chile en plenitud, aunque, por supuesto, faltaron los goles.
En cuanto a aquello, es cierto que los refuerzos en delantera han sido discretos: la debilidad física de Sebastián Ubilla resulta insoportable, basta que le tiren el hombro encima para que pierda el balón. Como si eso fuera poco, estuvo lesionado casi todo el semestre. Por otra parte, si bien es encomiable el empeño de Enzo Gutiérrez, se trata de un jugador muy lento que, para rendir bien, requiere la presencia de dos punteros fuertes y rápidos, pues su virtud es ser un pivote relativamente eficaz. La gran interrogante que surge a partir de esta falta de gol es qué pretendía Jorge Sampaoli con la llegada de Luciano Civelli, a quien deseaba incluir en la ofensiva. Civelli es un jugador caro y discreto que no ha sido aporte para nada porque resultó que, al igual que Eduardo Morante, es de cristal. ¿Francisco Castro? Desapareció absolutamente y debe irse a préstamo para ver si alguna vez recupera el nivel del 2011. Pese a todo esto, la responsabilidad no es sólo de ellos: es la rigidez del sistema lo que está fracasando.
El hecho de que ninguno de los delanteros que dejaron la U haya triunfado en el extranjero demuestra que su éxito se debió al grado de sorpresa causado inicialmente por la estrategia de Sampaoli y refuerza lo siguiente: este momento de inoperancia no se solucionará cambiando hombre por hombre, sino realizando una nueva versión del exitoso sistema del 2011. Como ya señalamos, la táctica azul ya fue asimilada por los rivales y les basta con esperar y contragolpear para generar daño. Por tal razón, es la zona media de contención la que debe robustecerse: suponiendo que ya no se cometerá la idiotez de quedar con dos zagueros aislados en el fondo, si se defiende con tres al menos deben incluirse dos volantes con capacidad de quite, anticipo y remate de distancia. ¿Dónde están estos jugadores? La tarea es, precisamente, hallarlos: ¿en Uruguay? ¿En Paraguay? ¿Será ésta la verdadera función de Civelli? Puede ser. Las bandas por ahora parecen estar cubiertas: si bien Matías Rodríguez aún está en deuda, al menos Paulo Magalhaes puede reemplazarlo y por la otra punta están Eugenio Mena, Roberto Cereceda y el promisorio John Santander. También ha resultado próspera la aparición de Juan Ignacio Duma.
¿Qué pasa con el resto? Llama la atención que los nuevos hinchas de la U, ignorantes de su pasado y exitistas como las perras blancas, despotriquen contra gente como Guillermo Marino y Gustavo Lorenzetti, los únicos capaces de poner algo de fútbol en el medio. La salida de éste último en Sao Paulo fue responsabilidad del propio Sampaoli, quien prácticamente lo sacrificó al desasistirlo entre la multitud de volantes que dispuso el local. Marino, a su vez, fue quien salvó la obtención del tricampeonato con un golazo en el epílogo de la final y cada vez que ingresa en los segundos tiempos aporta claridad. Es un jugador elegante que por ningún motivo debe abandonar la U. ¿Charles Aránguiz y Eugenio Mena? Desgraciadamente, estos deportistas de lujo están reventados, situación en la que contribuyó el cerdo Borghi al nominarlos una y otra vez a su aventura ordinaria e improductiva.
Este encuentro con Sao Paulo marcará un antes y un después necesario; infortunadamente, ocurrió de la peor manera posible: con un resultado absurdo que hecha por tierra todas las bondades de este cuerpo técnico, el que jamás comprendió que “no se puede arriesgar más cuando se tiene menos”.
La cretina prensa criolla, compuesta en su gran mayoría por guatones hijos de perra, ha sido incapaz de analizar el partido y se refiere al cuadro paulista como si se tratara de una potencia, cuando en realidad éste es uno de los equipos más rascas que ha tenido Sao Paulo: jugaron de visita y de local de manera vergonzosa, replegados como lauchas en campo propio, haciendo tiempo y reventando el balón de manera indiscriminada. ¡Qué diría Telé Santana! Además, contaron con el beneplácito de los árbitros, quienes los dejaron cortar el juego a su antojo cada vez que la U se lanzaba en ataque. Lo que saca de quicio es el marcador y la palabra “baile” con la que se mofaron todos los medios de comunicación, pues la verdad es que, como ya indicamos, los brasileños se pararon en campo propio y se limitaron a contraatacar. Fue Sampaoli quien propicio la depredación: cada llegada brasileña se convertía en gol gracias al desamparo de la defensa y los azules, por su parte, ejercieron un dominio infructuoso. Los dos tantos del segundo tiempo fueron una vergüenza: una barrera impresentable en el cuarto -el estorbo que causaron los rivales debió evitarse a empujones - y una marca patética de Osvaldo González en el quinto.
Así las cosas, la Universidad de Chile se despidió de la Copa Sudamericana de la manera más triste. Al menos, Jorge Sampaoli reconoció su responsabilidad, aunque ya inició su habitual ultimátum a la directiva: quiere refuerzos de peso, pues su Morante y su Civelli resultaron ser los maniquíes más caros de la historia del club.  

viernes, 2 de noviembre de 2012

Universidad de Chile 0 – Sao Paulo 2


Este partido confirmó un fenómeno inaudito: la U defiende con dos zagueros cuando está entregada en ataque. Esta excentricidad causa la inmolación de José Rojas y la persistente incomodidad de Osvaldo González, quien tiene muchos problemas cuando debe abrirse hacia el costado derecho para cazar a los punteros que vienen lanzados. 
La verdad es que resulta inconveniente ser tan intrépido cuando se enfrenta a equipos brasileños, pues suelen agruparse en el fondo, hacen tiempo sin ningún complejo, revientan la pelota cuando la urgencia así lo amerita y salen en velocidad cuando recuperan el balón. Además, con un gol arriba son muy difíciles de doblegar, pues poseen jugadores ágiles que tocan de primera.
Todos los rivales extranjeros que ha enfrentado la U este semestre le plantearon estrategias conservadoras y basaron su juego en el contragolpe. ¿Aquello es casualidad? Por supuesto que no, los azules alcanzaron su prestigio jugando al ataque y con espacios a favor son muy peligrosos; así, los antagonistas prefieren atrincherarse y utilizar el pelotazo profundo tras un bloque defensivo cada vez más desamparado.
Si consideramos que la Universidad de Chile ha sufrido un constante debilitamiento desde fines del año pasado -perdiendo hombres como Marcos González, Eduardo Vargas, Marcelo Díaz, Gustavo Canales, Junior Fernández y Ángelo Henríquez, entre otros- más nos cuesta entender la actual paradoja de Jorge Sampaoli: ¿por qué arriesga más si tiene menos? ¿Por qué su estrategia es cada vez más suicida?
Recordemos que en la Copa Sudamericana del 2011 siempre defendió con tres zagueros, jamás con dos, y que ante Liga Deportiva Universitaria en Ecuador empleó cuatro defensas más una marca personal de Albert Acevedo sobre Ezequiel González, el creador rival.
La actual desproporción que enseña el DT azul comenzó en la Copa Libertadores de este año -en el partido contra Deportivo Quito como visita- y llegó al paroxismo cuando enfrentó a Boca Juniors en Buenos Aires. ¿Por qué no replicó en ambos encuentros el sistema que tanto éxito le había dado contra Liga, más aún si el cerdo Borghi ya estaba fastidiando con nominaciones perjudiciales para los intereses de la U? En fin, eso sólo lo sabe el casildense y, al fin y al cabo, loco o no, es el mejor DT que ha tenido el club.
La Universidad de Chile hizo un buen partido contra los paulistas pero fue sorprendida con dos contragolpes que antes de los 20 minutos la dejaron abajo por 2 goles a 0. Después fue expulsado Eugenio Mena y todo se volvió más difícil, más aún si la U no concretó las pocas ocasiones que tuvo, como fue el gol desperdiciado por Roberto Cereceda. Contradictoriamente, la Universidad de Chile mejoró mucho en el segundo tiempo y jugando con 10 hombres acorraló a su contrincante hasta la extenuación, pero no fue suficiente: los azules necesitan delanteros más rápidos. En esta alza influyeron los cambios: Guillermo Marino y Matías Rodríguez siempre ingresan bien desde el banco y Juan Ignacio Duma ha relegado para siempre a Francisco Castro, pues es más técnico y frontal.
Brillante pleito de Albert Acevedo: ganó todos los anticipos y los cabezazos, se sumó al ataque denodadamente y cuando sufrió un fuerte golpe en su cara se levantó de inmediato para que la oncena no perdiera tiempo. Es un tipo valiente y decente.
¿Qué le queda a la U para la revancha? Su éxito dependerá de que logre ponerse en ventaja: si los azules hacen el primer gol cualquier cosa puede pasar.
A nosotros sólo nos queda mantener la esperanza de que una vez más este conjunto logre vencer los obstáculos. La cosa está muy difícil, casi imposible, pero el fútbol es un universo insondable y se han visto gestas que en un principio se consideraban más inasequibles que ésta. No en vano esta U es el equipo más heroico de la historia de Chile. 
¡Grande la U, mierda! ¡Y vamos con todo!


martes, 30 de octubre de 2012

Progresos, saqueos y clasificaciones.


-Copa Chile: la inesperada y absurda derrota ante Unión La Calera por 2 a 1 estuvo determinada por la inestabilidad de la línea de tres que conformaron Paulo Magalhaes, Albert Acevedo y Eduardo Morante. Este resultado generó que la clasificación de la Universidad de Chile a octavos de final fuese improbable. Para enfrentar a Wanderers en el puerto, Jorge Sampaoli conformó un equipo mixto incluyendo a los juveniles Bernardo Cerezo, John Santander y Juan Ignacio Duma, debido a las lesiones de Charles Aránguiz, José Rojas y Eugenio Mena. La victoria por 4 a 1 le dio la razón, aunque cabe destacar un punto de inflexión que se transformaría en un augurio próspero: Paulo Garcés le atajó un penal a Luis Salmerón y en la jugada siguiente Guillermo Marino puso el 2 a 1 a favor de la U. Finalmente, en un encuentro en el que participaron Igor Lichnovsky, Valber Huerta, Pedro Morales, Luis Pinilla, Fabián Carmona y Benjamín Inostroza, los azules golearon 5 a 0 a Santiago Morning y lograron pasar a la segunda fase del campeonato, en la que enfrentarán a la Universidad de Concepción luego de un sorteo brujo propiciado por la cada vez más irritante ANFP: la conformación de los dúos obedeció a un criterio oscuro basado en infraestructuras, geografía y televisión. Preguntamos: ¿acaso en el fútbol no debiesen regir principios exclusivamente deportivos?

-Campeonato de Clausura: los tres empates consecutivos de la U ante Rangers, Wanderers y Unión La Calera originaron una serie de cuestionamientos delirantes en nuestro malintencionado e infantil periodismo criollo. Se decía que la U ya no tenía gol (pese a que los azules llevaban marcados 12 tantos en los últimos 7 pleitos de los tres torneos que disputa) y que ya había desaparecido el brillante andamiaje de las últimas competencias. Ahora se acumulan 15 goles en 6 partidos disputados, los play off están a un punto de distancia quedando tres encuentros por jugar, se clasificó a octavos de Copa Chile con juveniles y a cuartos de la Copa Sudamericana; sin embargo, nadie dice nada.
El 7 de octubre en Copiapó, La U derrotó por 4 a 2 a Antofagasta gracias al destape de Matías Rodríguez y de Sebastián Ubilla, aunque también evidenció ciertos desajustes defensivos que costaron el gol en contra cuando sólo se jugaban 8 minutos del primer tiempo. Luego de esta victoria se armó la carpa del tony Borghi y por suerte sólo Osvaldo González acudió al show del equipo fantasma. Después vino el clásico…
La Universidad de Chile jugó mejor ante una oncena cobarde y replegada en el fondo, no supo concretar sus ocasiones y fue saqueada de manera demencial por el granuja de Patricio Polic: soslayó una clara mano del punga Flores que significó un contragolpe “arbo”, se comió tres penales muy evidentes estando bien ubicado y expulsó a Eugenio Mena luego de una primera tarjeta amarilla demasiado caprichosa. Jueces en retiro como Rubén Selman y Jorge Massardo condenaron su deplorable irresolución y recomendaron que fuese excluido de futuros encuentros de relevancia. Fue conmovedora la forma en que Juvenal Olmos defendió a los azules en el CDF, censurando las groserías de las ratas blancas y, por supuesto, el arbitraje vituperable de la ya mentada alimaña.
Hoy lunes 29 de octubre, “La Tercebra” publicó un artículo sin firma (http://www.latercera.com/noticia/deportes/2012/10/656-490630-9-duelo-pospuesto-de-la-u-reabre-polemica-con-la-roja-por-los-seleccionados.shtml) en el que se ataca a la Universidad de Chile desvergonzadamente:
  1. El texto asegura que “los azules han provocado parte de los problemas que ha tenido el “Bichi” para armar un plantel competitivo”. Nosotros preguntamos: ¿acaso no fue este mismo bufón el que dijo a fines del 2011 que no nominaba jugadores de la U porque no estaban a la altura del resto de deportistas que jugaban en el extranjero? Por otra parte, ¿qué tiene que ver la Universidad de Chile con la incapacidad que tiene este chanta para diseñar una oncena competitiva? ¿Es culpa de la U que este guatón no sepa parar un defensa ni armar un mediocampo decente? ¿Es un desliz de la U que este papanatas siga nominando a pusilánimes como Claudio Bravo, Pablo Contreras, Matías Fernández o Humberto Suazo?
  2. Después, este mamarracho anónimo editado por el diario de los yanaconas indica que “luego de las derrotas ante ecuatorianos y argentinos, la polémica se reabrió por parte de Álvaro Ormeño, quien afirmó que los futbolistas azules se restaron de los partidos de la Roja para privilegiar el campeonato local”. Al respecto, volvemos a cuestionar: ¿acaso son tan importantes los rebuznos de este imbécil? ¿Qué pruebas tiene de que aquello aconteció? ¿Qué autoridad moral tiene este gusano para hablar mal de los jugadores de la U? El mismo Rubén Selman le puso la lápida: “se trata de un jugador que llora porque según él los árbitros están en su contra, pero la verdad es que es un mala leche con sus compañeros de profesión”; además, aseguró que en el clásico este ordinario al menos en tres ocasiones debió irse expulsado.
En cuanto al partido con las ratas blancas, mientras el anodino arquero Prieto efectuaba gestos obscenos, el malhablado y trepador Labruna se retiró al camarín entonando groserías en tono burlón.
¿Qué debe hacer la U para que le arbitren como equipo grande cuando enfrenta a estos puercos en su chiquero? Las palabras de Sergio Markarián aún resuenan en los pasillos del Estadio Nacional: LA U DEBE CRECER”. Pues bien, la única manera de crecer es teniendo un estadio propio para así no depender de negociaciones truculentas que obligan a manejar con pinzas las relaciones con la ANFP, la Unión Española u otro club que esté dispuesto a arrendar su reducto. El desarrollo definitivo de la Universidad de Chile depende de la autonomía que sea capaz de alcanzar. Con ella, por ejemplo, los azules ya se habrían restado del chabacano proceso de Borghi, uno de los tantos proxenetas albinos que han dirigido los fracasos de la selección.    

-Copa Sudamericana: el pésimo desempeño ante Emelec en Santiago condicionó el avance de la U en este torneo y ser eliminados en la primera llave de un campeonato que se había ganado de forma extraordinaria el año pasado terminaría por justificar todas las críticas que se le estaban haciendo al equipo. El pleito en Guayaquil fue muy difícil porque si bien los azules dominaron con claridad durante los primeros 20 minutos, el Emelec comenzó a salir con velocidad hacia las bandas aprovechando los espacios que dejaba la línea de tres zagueros, la que incluso pasaba a ser línea de dos cuando Sebastián Martínez se adhería al mediocampo. Los idiotas del FOX no entendían esto y hablaban de “fragilidad” cuando en realidad se trataba de “intrepidez”. La excelente actuación de Paulo Garcés fue clave para mantener el empate en el primer tiempo y constató el gran trabajo que realiza Eduardo Azargado como jefe técnico de arqueros. En el segundo lapso la U se recompuso, volvió al nivel exhibido en el comienzo, ingresó Juan Ignacio Duma para aportar una mayor velocidad y Enzo Gutiérrez marcó un golazo copero que definió la serie. Después de eso, Jorge Sampaoli realizó una variación estratégica y dispuso la participación de Albert Acevedo, un especialista en el anticipo. Los ecuatorianos lanzaron una lluvia de centros que jamás pudieron concretar y la Universidad de Chile obtuvo una justa clasificación. Su mérito fue haber derrotado a una oncena golpeadora y muy superior físicamente. Partido tremendo de José Rojas.

-Moraleja: el Eterno Ladrón robó una vez más y puede jactarse de sus cosechas adulteradas, no en vano la mayoría de sus logros llevan el estigma de un dictador bananero. Su actual DT, un rufián bocón y mala clase, ya había vociferado contra la Universidad de Chile ansiando su fracaso en el ámbito internacional. Ahora se jactaba de un triunfo inmoral y aguardaba la eliminación de los azules como el alcahuete novato que siempre fue. Sin embargo, la represalia ética estaba a la vuelta de la esquina: perdió ignominiosamente en San Felipe y la U triunfó en Guayaquil, ubicándose por ahora entre los 8 mejores equipos de Sudamérica. Le dedicamos a Labruna, esa rata blanca asquerosa que desea seducir a la hinchada más rasca del planeta, este maravilloso cuento hindú:

Había un ratón que siempre estaba asustado porque le tenía miedo al gato. Un mago se compadeció de él y lo convirtió en un gato. Pero entonces empezó a sentir miedo del perro, de modo que el mago lo convirtió en perro. Luego empezó a tener miedo de la pantera y el mago lo convirtió en pantera, con lo cual comenzó a temerle al cazador. Llegado a este punto, el mago se dio por vencido y volvió a convertirlo en ratón, diciéndole: “nada de lo que haga por ti va a servirte de ayuda porque siempre tendrás el corazón de un ratón”.

Un saludo a todos los azules del mundo.