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jueves, 21 de febrero de 2013

Un nuevo ciclo


Sentimos habernos ausentado durante tanto tiempo, pero los incidentes diarios suelen restringir nuestras aficiones.
En el último artículo que publicamos, Jorge Sampaoli aún era el DT azul y la verdad es que en aquel momento consideramos improbable su partida, básicamente porque la selección nacional había quedado exánime tras la nefasta conducción del vasallo “arbo” y, por lo tanto, asumir su dirección nos parecía una tarea imprudente. Estábamos equivocados: el victorioso cuerpo técnico de la U resolvió comprometerse en una expedición insólita pese a que debía afrontar una nueva Copa Libertadores.
Pese al reconocimiento eterno que tendrá Sampaoli en los hinchas de la Universidad de Chile, el final de su ciclo estuvo marcado por el desgaste irreflexivo de un plantel que no tuvo rotación y por decisiones tácticas recalcitrantes. Además, se concretó la fuga de jugadores demasiado importantes para el equipo y, por diversos motivos, los nuevos elementos que arribaron no rindieron como se esperaba. A propósito de esto, si bien reconocemos que son los propios futbolistas quienes presionan para emigrar y que este éxodo es inevitable cuando se agotan las instancias de acuerdo con los dirigentes, se cometieron al respecto dos errores esenciales de los que se debe aprender:
  1. Los deportistas que poseen una mayor capacidad de adaptación deben quedarse como mínimo un año: es inconcebible que Junior Fernandes y Raúl Ruidíaz sólo hayan jugado 6 meses en la U. Su partida, para más remate, se unió a la de Ángelo Henríquez y el resultado fue nefasto: se acabaron los goles.
  2. Si se contratan delanteros del medio local, tienen que llegar aquellos que se hayan desempeñado de manera óptima contra los azules; es decir, quienes le hayan hecho daño: el arribo de Gustavo Canales, pese a su posterior ingratitud, fue una buena decisión en su momento y haberse farreado a Emanuel Herrera fue una estupidez.       
Jorge Sampaoli deseaba formar una oncena de lujo que implicaba inversiones desmesuradas para el medio; curiosamente, al no obtenerlas enfatizó la actitud suicida de su sistema de juego. Las eliminaciones absurdas ante Sao Paulo y la Unión Española fueron el fiel reflejo de su tozudez. En suma, el casildense fue incapaz de extender su éxito y careció de la versatilidad que lo llevó a ganar la Copa Sudamericana de manera espectacular: el pleito contra Liga Deportiva en Quito comprueba que el DT podía alterar su esquema para privilegiar el resultado, acierto que desestimó cuando cayó con Boca en Buenos Aires.
En fin, todo esto es pasado y la realidad de la Universidad de Chile parece distanciarse mucho de ese gran equipo que ganó el primer trofeo internacional para el club: la propuesta de Darío Franco es muy distinta y los intérpretes también.
Aclaremos algo inmediatamente: Franco llegó a un cuadro debilitado por la emigración y por las lesiones originadas en el período anterior; por tal razón, merece un lapso de aclimatación en el que las críticas deben ser moderadas. Recordemos las derrotas que sufrió la U durante el primer semestre de la era Sampaoli: perdió ante los discretos Santiago Morning y San Felipe en el mismísimo Estadio Nacional. 
El asunto es que el primer desafío del actual cuerpo técnico fue salvado tranquilamente: la U avanzó a semifinales de la Copa Chile. Después se venció con claridad a Audax Italiano y se perdió ante Unión Española pálidamente, aunque en este último caso existía una justificación: el debut como local en la Copa Libertadores, circunstancia que implicaba una tremenda obligación si se pretendía iniciar el proceso de clasificación a octavos de final. Darío Franco cumplió otra vez y, volvemos a insistir, con un plantel diezmado. En cuanto a su estrategia, lo más notorio es la tendencia a utilizar tan sólo un volante de contención, que en este caso sería Sebastián Martínez. Esta determinación ha significado cierto desequilibrio en la zona, lo que ha expuesto en demasía a la línea de zagueros. Seguramente, la mentada inestabilidad será solucionada con la inclusión de Osvaldo González e Igor Lichnovsky, más el ingreso de los volantes mixtos que aún están recuperándose: Charles Aránguiz, Ezequiel Videla o Luciano Civelli. Hay que mantener la calma, desearle el éxito a Matías Rodríguez y darle la bienvenida a Sergio Velázquez, quien al parecer llegó con la mejor de las actitudes.
La igualdad con Everton en Quillota enseñó una vez más el principal obstáculo de este equipo: la ausencia de dos goleadores de fuste. Preguntamos: ¿esto es culpa de Darío Franco? Por ningún motivo. Es más, el problema real del nuevo DT azul es haber sido demasiado condescendiente con los dirigentes, aceptando  condiciones caracterizadas por una austeridad extrema y por una ignorante ceguera: ¿qué hace Miguel Ángel Cuéllar en Cobreloa, por ejemplo?
La derrota con Olimpia ha causado una estampida de yeguas inconsecuentes en las redes de comunicación social, hinchas que pretenden la continuidad de un proceso exitoso sin considerar los siguientes factores, algunos de los cuales ya señalamos en este mismo artículo:
  1. El gradual debilitamiento del plantel: desde que se ganó la Copa Sudamericana se han ido Eduardo Vargas, Marcos González, Gustavo Canales, Gabriel Vargas, Diego Rivarola, Junior Fernandes, Ángelo Henríquez, Felipe Gallegos, Raúl Ruidíaz, Marcelo Díaz, Francisco Castro y Matías Rodríguez. Antes ya se habían marchado Felipe Seymour y Edson Puch. Preguntamos otra vez: ¿los actuales reemplazantes de estos jugadores son sustitutos idóneos? En la actualidad, el rendimiento de la oncena es sostenido por los sobrevivientes del 2011: Johnny Herrera, José Rojas, Osvaldo González, Eugenio Mena, Charles Aránguiz, Gustavo Lorenzetti y Guillermo Marino. Quienes sí merecen paciencia y consideración son Igor Lichnovsky, Sebastián Martínez y Juan Ignacio Duma, pues nacieron en el club.
  2. La fatiga de los jugadores: ya señalamos la incomprensible obcecación del cuerpo técnico anterior respecto de la nula rotación del plantel, considerando además que varios deportistas azules estaban siendo nominados a la selección nacional. Consecuencia: Darío Franco heredó lesiones musculares e intervenciones quirúrgicas que, obviamente, inciden en los resultados.
  3. Cuando la mayoría de los periodistas, haciendo gala de su odiosa ineptitud, comparan el rendimiento de Darío Franco con el de Jorge Sampaoli soslayan groseramente un gran detalle: el casildense arribó a la U sin que la escuadra tuviera alguna responsabilidad internacional, sólo debía disputar el torneo de apertura 2011 y, por lo tanto, pudo practicar su estrategia sin exponerse tanto como hoy en día sí debe hacerlo Franco. Resulta injusto aquel discursito fúnebre de los hinchas que avizoran el fracaso anticipado del nuevo cuerpo técnico. Si Darío Franco obtiene algún título, estos paladines del pesimismo serán los primeros en embriagarse como cerdos.
  4. Por último, pretender que un cuerpo técnico reciente gane absolutamente todo desde el principio no es más que una desfachatez iletrada: ¿cómo empezó la temporada el AC Milan? ¿Acaso el retorno de Bianchi a Boca Juniors ha sido sencillo? ¿Ganó algo el Newell’s de Martino en su primer año? ¿Cómo fue el primer semestre de Lasarte en la UC? Darío Franco debe trabajar tranquilo y los simpatizantes azules tienen que apoyarlo, así de simple. De lo contrario, que todos se hagan hinchas del Barcelona de una maldita vez y se acabó.
Mientras la prensa deportiva sigue exhibiendo su pedante analfabetismo y, como aseguró El Mercurio, considera que la U tiene complicada sus opciones coperas”, nosotros aclararemos lo siguiente: que los azules cayeran en Asunción estaba dentro de las posibilidades; además, perdió por errores puntuales que son propios de un cuadro en rodaje, igualmente se creó ocasiones de gol y, cuando se estaba uno a cero abajo, fue mal anulada una llegada a fondo de Charles Aránguiz. Para más remate, el segundo tanto de los paraguayos fue absolutamente viciado y restringió el resultado final de manera vergonzosa. Replicándole al periodismo rasca: la Universidad de Chile tiene intactas sus posibilidades de clasificación porque hasta ahora ha obtenido dos resultados lógicos: derrotó al campeón venezolano en Santiago y perdió en Paraguay. La U depende de sí misma y su obligación es ganar los dos encuentros que le restan como local y sacar puntos en Argentina o en Venezuela. Cualquier otra cosa que se diga sólo es basura malintencionada.