
Aunque aún no es set y partido,
la U está match point en contra. La del jueves fue una presentación correcta, a
pesar de las ya indignantes decisiones de Lasarte.
Un asunto no menor es el peso de
la dirigencia tanto a nivel local como sudamericano. Puede aparecer como una
estupidez, sin embargo sabemos perfectamente que no lo es. Un árbitro de
nacionalidad peruana siempre debe ser resistido pues no nos vengan a contar el
cuento del profesionalismo y la imparcialidad. Si bien es cierto el resultado
del encuentro no lo determinó este pelafustán, facilitó bastante las cosas al mediocre equipo
brasileño inventando un penal en el último minuto del primer tiempo. Esto
acontecía justo cuando la U comenzaba a consolidar la estrategia escogida por
Lasarte. Cristian Suárez comete falta penal a pocos minutos de iniciado el
lance, desestimada por el saquero peruano. Es en ese evento en el que se
origina la inmundicia que presenciaríamos después; el infame no quedó conforme
con su anterior resolución y decidió pitar penal al más mínimo atisbo de alharaca.
En este sentido, la conducta de Suárez fue bastante poco inteligente pues había
sido él mismo quien se había visto involucrado en el penal no sancionado. No es
primera vez que comete tales actos de imprudencia, coadyuvados ciertamente por
el descaro del peruano y la hedionda estratagema del gallina D’Alessandro.
Con todo, el uno a cero era a la
luz del desarrollo del encuentro un resultado perfectamente remontable. Y es
allí donde radica el fondo de los problemas de esta U, un cuadro desequilibrado,
desgastado, sin delanteros y con decisiones técnicas sencillamente irritantes.
Una de las ocasiones más claras para los azules fue propiciada por Maximiliano
Rodríguez, quien remató un disparo al horizontal del arco brazuca. Acto
seguido, asistimos nuevamente a la teleserie de hace más de tres años.
Sebastián Ubilla desperdicia una ocasión de gol en inmejorables condiciones.
Sumemos a lo anterior la prolongada ausencia de Gustavo Canales al nivel que se
le debe exigir. Irónicamente, el único gol azul provino desde la combinación entre
estos dos jugadores, tras preciso pase del hombre más rescatable del equipo en
el tiempo: Gustavo Lorenzetti. Ciertamente este gol de adorno no es suficiente,
se requiere que la mayor parte de los tantos sean convertidos en circunstancias
muy distintas, vale decir, para abrir rumbo a la victoria o consolidarla. Hemos
sido majaderos en señalar que no hay delanteros de jerarquía mientras Canales
se mantenga al nivel que le venimos observando desde mediados del torneo
pasado, mientras no ingrese desde el inicio Benegas y nos confirme, producto de
la continuidad, si posee los atributos suficientes para estar en la U y,
mientras se insista en utilizar a jugadores que simplemente no dan el ancho.
¿Cómo es posible que ingrese César Cortés en desmedro de Benegas? ¿Vieron el
gol que se farreó a minutos de haber ingresado al campo de juego? Patético es
poco calificativo, se hizo caca. ¿Qué pretende Lasarte realizando cambios
cuando ya no queda tiempo? ¿Qué busca enviando a la cancha a Benegas cuando
restan tan solo tres minutos? No nos parece tan descabellado que el uruguayo haga
todo esto para disponer de pretextos y renunciar debido a su impedimento físico.
Los rendimientos de Osvaldo González
y José Rojas están dejando mucho que desear. Nos embobamos con aquel brillante
golazo de Mathias Corujo a la Católica, previa intervención atípica del Pepe.
Sin embargo, el tiempo ha confirmado algo que ya sabíamos hace rato: José Rojas
no es lateral, presenta demasiadas dificultades técnicas y tácticas. González está
cometiendo errores que antes no cometía, al extremo de costos tan altos como un
gol en contra. En el mediocampo, resulta incomprensible la ausencia de
Sebastián Martínez y la presencia de Gonzalo Espinoza. El último acarrea
presentaciones para el olvido y sin embargo, no ha sido relegado a la banca
como corresponde. No estamos hablando de jugadores extraordinarios sino de
peones comunes y corrientes, que deben recibir señales claras desde la jefatura
cuando no están cumpliendo con sus funciones. ¿Vieron el ejemplo que nos dio
Pablo Guede? Ya basta de elevar a categoría de dioses a los jugadores, que
bastante dinero reciben por su trabajo como para tolerar malos desempeños sin
que éstos sean castigados.
Nos vamos a quedar con la actitud
de Guzmán Pereira, un jugador que en ocasiones presenta errores técnicos pero
que con su entrega y valentía, nos enorgullece. Lo mismo ocurre con Gustavo
Lorenzetti, que a pesar de las críticas estúpidas de muchos forofos ignorantes,
posee una técnica superior y una entrega total.
Esperemos que a lo menos se
consiga sortear el torneo nacional con decoro. La oportunidad que se tuvo para
consolidarse a nivel internacional, gozando de un prestigio deportivo sin precedentes,
ha sido farreada por una manga de dirigentes ignorantes cuyo principal mérito
para comandar el destino de nuestro club ha sido el dinero. Como es gratis,
soñemos con nuestra U nuevamente instalada al nivel que se merece.