
Muchas veces y recientemente, he comprobado que hay personas
que miran con recelo la revisión del pasado. Argumentan con frases hechas como “hay
que dar vuelta la página”, “hay que mirar hacia adelante” o “eso ya pasó, para
qué seguir llorando”. Cursilerías como estas, sólo reflejan un nivel de flojera
intelectual preocupante. La manera correcta de avanzar hacia el futuro consiste
precisamente en conocer la historia, registrarla, analizarla y hacerse cargo de
ella. La experiencia origina el conocimiento y, es en base a éste que se pueden
establecer bases progresivamente más sólidas para forjar un mejor futuro.
Ciertamente los sucesos contienen efectos cuyo origen está en el raciocinio y
también, en las circunstancias y el azar. Y cuando el desarrollo de la historia
ha generado escenarios positivos, es una obligación hasta moral el capturar
aquellos elementos que provocaron tal virtuosismo de tal manera de saber
interpretarlos y extraer conclusiones acertadas para evolucionar. Lo mismo debe
ocurrir frente a escenarios negativos, sin embargo, parece ser que es en
aquellos que detonaron beneficios en los que más nos cuesta tomar lecciones y
aplicarlas para el desarrollo del futuro. No voy a desgastarme en explicar la
filosofía que interpreta a nuestro club, todo verdadero hincha de la
Universidad de Chile conoce bien su historia y su ontología.
Pues bien, lo que hoy nos toca vivir son los efectos del
despilfarro que se produjo en la fase más exitosa de la U. Negar el deseo
profundo de que nuestro club alcance nivel internacional competitivo, una
identidad de juego clara y una administración fundada en bases sólidas y
respetadas, sería una estupidez mayúscula. Frecuentemente oigo a hinchas
profesando el discurso del “aguante”, de la auto-flagelación como parte
inherente a la existencia de la U. Son los mismos que definen a la U como un
grande, si no el más grande. Y claro, su grandeza no radica sólo en los
triunfos deportivos, eso está claro. No obstante, un club que se precia de grande
debe sin espacio a dudas convivir con el éxito, con la competitividad para
amagar constantemente las aspiraciones deportivas del resto. Y para ello, se
requiere de esa estructura sólida, fundada en las bases de una hinchada
empoderada y de una administración competente y representativa de los valores
del club. Es así como llegamos al gran problema de fondo, que no sólo afecta a
nuestra amada U sino que se ha convertido en un fenómeno global: el dinero como
centro de la actividad. Dejaré este tema para más adelante pues amerita un
libro completo.
¿Qué pasó durante y después de Sampaoli? Simple, la
embriaguez del éxito calentó las cabezas de personajes nefastos, ineptos y
corruptos. Jamás hubo un verdadero líder, capaz de capitalizar al menos en
parte los réditos obtenidos. Cuando se requirió visión, pragmatismo, liderazgo
y astucia, el club pasó a manos de gente indigna. Era una oportunidad histórica
para posicionar a la U a nivel internacional y conseguir una hegemonía
importante a nivel local. El efecto dominó de los horrores cometidos desde las
contrataciones estúpidas de jugadores - que han generado hasta el día de hoy
una burbuja en el mercado de pases interno - , de técnicos ineptos y más gastos
aberrantes en paquetes de proporciones mayestáticas, aún tienen a la U
sacudiéndose de una administración depravada.
Sin detenerme en el planteo sobre qué debió
hacerse a cambio, revisemos la era de Martín Lasarte. Habiendo circulado el
agua putrefacta hasta ese momento, la idea de Lasarte no era mala: un tipo
educado, servicial, con experiencia y origen futbolístico importante
(uruguayo). Tanto así, que consigue un título en su primer torneo disputado. Y
aunque parezca una suerte de pesimismo fastidioso, aun habiendo logrado ese
hito, siempre fui muy crítico con el funcionamiento de juego del equipo y con
las decisiones técnicas del entrenador. En síntesis, ese torneo pasó más por
las actuaciones de Herrera y Canales que por la del propio DT. Si consideramos
la irrisoria extensión de los torneos chilenos, la gran racha que tuvo la U no
tenía mayor sustento y ello fue quedando al desnudo hacia la última parte del
campeonato (derrota incluida en el hoyo de Macul). Para qué vamos a analizar lo
sucedido en el siguiente torneo y en la peor presentación internacional de los
últimos años. El asunto de la hernia que aquejó al uruguayo se utilizó como
vendaje de ojos y ya a estas alturas, va quedando claro que el fondo es otro.
¿Por qué Lasarte insiste en darle tantas oportunidades a jugadores que no
rinden? ¿Por qué relega al destierro a otros jugadores que sí rinden? ¿Por qué
demora una eternidad en realizar cambios y cuando los hace, generalmente son
intrascendentes? ¿Por qué se ha convertido en un especialista para dar
conferencias de prensa en las que nos explica los errores del equipo? Si lo
tiene tan claro, ¿por qué no los corrige? Como vemos, son más interrogantes que
certezas. Es cierto, increíblemente el equipo está invicto, pero todos sabemos
que aquello sirve de poco desde que los triunfos suman de a tres. Y más aún, el
nivel de juego exhibido es francamente un desastre, sin excusas atendibles pues
justamente se le dio continuidad al proceso, ha tenido tiempo suficiente y para
más “recachas”, dispone del mismo plantel que consiguió el título. ¿No será
entonces que en efecto, lo que todo el mundo ve es tan evidente que no resiste
análisis? Un técnico que se marea porque tiene muchos jugadores en su plantilla
simplemente no está al nivel requerido para un club grande, ese es el sueño de
todo buen DT. Por otra parte, ¿cómo es posible que no haya reparado en la
falencia horrorosa que tiene en defensa? Con todo, ni siquiera es capaz de
alinear a los que corresponde, algo básico para partir. Cuando los hinchas
están entregando sus formaciones cada fin de semana, es un síntoma irrefutable
de la incompetencia del técnico. No entiendo a quienes se conforman con Lasarte
porque es lo menos malo entre las opciones plausibles, queda la sensación de
que ese manoseado concepto del aguante nubla un poco el sentido común de
algunos. Entre un técnico mediocre, que “salve la plata” y nos haga jugar como
equipo chico y otro audaz, agresivo e innovador, me quedo con el último. En un
plantel con tantas alternativas y con jugadores que se presume están sobre la media,
sin duda que vale la pena correr el riesgo. Puede incluso que Lasarte sea una
especie de Arturo Salah (aunque me quedo con el chileno si se trata de comparar
nivel de juego), es decir, una buena transición para que otro tome a este
equipo y utilice al máximo el potencial que posee. Nuevamente, los dirigentes deben ser capaces de liderar una administración inteligente, resuelta y ¡capacitada!
Lo anterior implica también, saber manejar situaciones como el retiro paulatino
de jugadores que por mucho que hayan contribuido enormemente al club, de manera
natural tendrán que dar espacio a los que vienen de atrás, ¡es más que obvio! Y
ya que Diego Rivarola es un buen ejemplo de esto, me pregunto además: ¿por qué
Diego no fue enviado al extranjero a estudiar y prepararse como técnico? ¿No es
su deseo, no tiene aptitudes? Más bien lo vemos en relaciones públicas y uno
desde afuera tiende a pensar que un tipo tan vinculado al club desde la cancha,
debería contribuir volcando toda su experiencia y siendo preparado para ello por
el club. En fin, me he desviado algo del tema coyuntural que es Martín Lasarte.
Para mi, ha dado muestras suficientes de incapacidad para seguir al mando de la
U. Anticipadamente o no, creo que terminará su vínculo al final de este torneo.